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Academia Sociedad

Lo que debe saber antes de ir a votar

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26/05/2022
Por: Johansson Cruz Lopera - Periodista

El pasado 13 de marzo se llevaron a cabo las elecciones parlamentarias en Colombia y el proceso electoral ha dejado más dudas que certezas. Dada la actual coyuntura social y la crispación política, el sistema de elección de las autoridades políticas está en entredicho. Pero ¿cómo funciona realmente? ¿Es posible confiar en el resultado que arroje? En Alma Mater hablamos con algunos expertos e hicimos un recorrido por el proceso. 

El voto representa el principal mecanismo de participación ciudadana, por esto el Estado asume la gran responsabilidad de proteger, auspiciar y fomentar el derecho del sufragio, como el camino para que los ciudadanos participen en la conformación y control del poder político. Foto: Registraduría Nacional del Estado Civil

En Colombia el voto es secreto gracias a la Carta Constitucional de la Nueva Granada de 1853, que estableció el uso de papeletas que se depositan en urnas selladas que, una vez finalizada la jornada electoral, se abren para el conteo de los votos. Dichas papeletas eran entregadas por los partidos políticos y los electores decidían cuál depositar en las urnas. 

Solo hasta 1990, a propósito de la elección presidencial de entonces, se usó por primera vez la tarjeta electoral que reemplazó el esquema de la papeleta. Esto fue posible gracias a la Ley 62 de 1988 que, en su artículo 124, definió: «En la elección para presidente de la República, los ciudadanos votarán con tarjetas electorales que llevarán impresos los símbolos, emblemas y colores de los diferentes partidos o movimientos políticos que participen en las votaciones, con impresión clara del nombre y apellidos del respectivo candidato»

Desde entonces los ciudadanos colombianos, mayores de 18 años, son convocados a elecciones ordinarias para elegir los mandatarios locales y regionales —alcaldes, concejales, gobernadores y diputados— y a los dos años siguientes a elecciones presidenciales y de Congreso —Senado y Cámara de Representantes—. 

El pasado 13 de marzo de 2022 se llevaron a cabo las elecciones para el Congreso y las consultas interpartidistas para elegir a los candidatos presidenciales, en medio de una coyuntura histórica producto de la efervescencia social de los últimos años. En este contexto es válido preguntarse por qué son importantes las elecciones para una democracia y si el actual sistema electoral del país ofrece garantías a la misma.  

Legitimidad para gobernar 

Las elecciones son el mecanismo a través del cual las sociedades democráticas hacen un cambio pacífico de Gobierno, aseguró Juan Carlos Arenas Gómez, director del Instituto de Estudios Políticos —IEP— de la Universidad de Antioquia. El investigador y docente agregó además que, dependiendo de su calidad, garantizan la participación de los sectores e intereses más variados en la conformación de los órganos representativos y en la elección de los gobernantes. 

En ese orden de ideas, «de las elecciones se deriva tanto la selección del personal político que debe gobernar como la base de legitimidad para que las personas electas puedan tomar decisiones que sean acatadas de manera generalizada», dijo el docente. 

Para Patricia Fernández Correa, coordinadora de Calidad de Elecciones de la Misión de Observación Electoral —MOE—, el actual sistema electoral sigue siendo un reto, pues «el código que rige nuestros procesos electorales a hoy es muy viejo, cualquier riesgo o hecho que afecte la confiabilidad y calidad de los procesos electorales amerita medidas por parte de la institucionalidad que blinde y cualifique el proceso», afirmó. 

Uno de esos riesgos tiene que ver con la actualización del sistema, que genera muchas dificultades. Luis Guillermo Pérez Casas, magistrado del Consejo Nacional Electoral —CNE—, la máxima autoridad de la Organización Electoral, que tiene como misión regular y vigilar el cumplimiento de las disposiciones de la Constitución y la ley en materia electoral, comparte con Fernández Correa la preocupación por el modelo actual que se utiliza en el país para elegir a sus gobernantes. 

«Debemos implementar el voto electrónico que se desarrolla hace muchos años en países como Brasil, donde votan más de 100 millones de personas y ha funcionado muy bien», expresó el magistrado. Pero ¿por qué el voto electrónico? «Porque la información es más clara para el elector y no se producen votos nulos —en promedio se tienen 1 millón de votos nulos en cada elección—. Desde el año 2003 es una obligación legal en Colombia la implementación del voto electrónico —esto también se encuentra en la Ley 1475 de 2011— y no ha sido posible por falta de voluntad política de los partidos políticos y del propio Estado. Con este voto se eliminarían muchos problemas, como los del formulario E-14, que lo produce la máquina», sostuvo el magistrado Pérez. 

Garantías en el proceso 

Para que las elecciones generen la legitimidad necesaria para las personas elegidas, es necesario que estas estén protegidas en el mayor grado posible de sospechas de fraude o de riesgos reales de un inadecuado funcionamiento. 

Un ejemplo claro de eso sucedió en las más recientes elecciones parlamentarias. El escrutinio realizado por notarios y jueces de la República encontró serias diferencias con el preconteo —que no tiene ninguna validez jurídica— en las mesas de votación. En declaraciones de prensa, el registrador nacional, Alexander Vega Rocha, dijo que «se corroboró que 23 000 formularios fueron mal diligenciados por los jurados de votación y en 5109 mesas hubo irregularidades». 

En este sentido es válido decir que el proceso de escrutinio cumplió el objetivo para el cual está diseñado, que es el de velar por cada uno de los votos de los electores; en esta ocasión la veeduría ciudadana por parte de los testigos electorales en las mesas de votación jugó un papel definitivo. 

La confianza en los resultados pasa por una combinación de factores en los que tienen un papel central la Registraduría y el CNE como autoridades del proceso; los jurados en las mesas de votación, que son los garantes del proceso; los partidos, candidatos y sus testigos electorales como actores interesados en cuidar el respaldo que reciben de los ciudadanos; y la veeduría independiente e imparcial que realizan las organizaciones autorizadas como misiones de observación electoral. 

«Por esta razón es clave que las instituciones y autoridades encargadas del proceso electoral lleven a cabo todas las fases y procedimientos con el mayor rigor procedimental posible», dijo Arenas, director del IEP. 

En el siguiente gráfico explicamos la función de los actores que participan en los lugares de votación.

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