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Un archivo de partituras para todos los oídos

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22/10/2021
Por: Natalia Piedrahita Tamayo- Periodista

77 obras para piano solo del compositor santandereano Luis Antonio Calvo reposarán en la Colección de Compositores Colombianos de la Biblioteca Carlos Gaviria Díaz de la Universidad de Antioquia. Es la primera vez que este legado se publica completo y en conjunto.

Estos manuscritos- partituras han sido recuperados, editados y publicados gracias a Historias del Piano Colombiano. LB.

Parte de los resultados de investigación y gestión del pianista y docente Lezlye Berrío Cano, de la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia, terminaron en el rescate y compilación de la primera colección completa publicada del compositor e intérprete santandereano Luis Antonio Calvo (1882-1945), de quien hasta ahora solo se conocían apartes de su obra para piano solo. Incluyó 4 intermezzos, 15 danzas, 17 valses, 8 pasillos, 5 bambucos, 13 obras clásicas como rapsodias, caprichos, preludios, arabescos y tangos.

A través del proyecto Historias del Piano Colombiano, Berrío rescató estos archivos para la historia de la música colombiana: «Surgió de un riguroso ejercicio de recuperación de archivos originales de procedencia internacional y nacional. A partir de este mes las partituras estarán disponibles para consulta pública, de acuerdo con las directrices de la Biblioteca Carlos Gaviria Díaz, digitalmente y a petición física», precisó el investigador, quien ha dedicado una buena parte de su ejercicio académico a este autor, cuyo trabajo en metodologías musicales fue abordado en la pasada edición del periódico Alma Mater.

Además de la Universidad de Antioquia, este legado fue entregado al museo Luis A. Calvo, ubicado en Agua de Dios, Cundinamarca; y al municipio de Gámbita, Santander, lugar de nacimiento del maestro y sede de un festival de música andina que lleva su nombre.

A pesar de que solo se conocían apartes del repertorio de piano solo, parte de la obra de este músico ha sido reconocida entre los compositores colombianos, según Berrío Cano, porque en sus melodías reúne lo universal: «Es disfrutado por aficionados a la música popular y, al mismo tiempo, por eruditos; por jóvenes y adultos. Representa una línea macondiana: su continente espiritual y auditivo de sonidos puede ser escuchado por personas de cualquier nacionalidad».

Generar el archivo de las partituras fue posible para Lezlye gracias a la colaboración del musicólogo y profesor de la Jacobs School of Music de la Universidad de Indiana, Sergio Ospina Romero, quien en sus estudios doctorales se dedicó a clasificar la obra del maestro Calvo. Este investigador opinó: «El trabajo de Lezlye consistió en recuperar las partituras e interpretarlas, es muy grato ver el fruto de esto: la grabación de cada pieza, lo cual es un buen recurso para trascender la mera partitura y acercarse a la obra de Calvo. Es un trabajo motivado por la admiración, gran parte de su contenido se cocinó al tesón y mediante la persistencia del investigador, lo cual es necesario para rescatar el legado musical de tantos artistas de comienzos del siglo XX que en Colombia no han sido tan apreciados».

Música que traspasa fronteras

Amante de la lectura y autodidacta hasta cierto punto, Luis Antonio Calvo se inició en la música tocando el bombo en una banda militar en su municipio natal. Años después llegó a Bogotá con muchas aspiraciones y allí fue donde desplegó su destreza en el piano. Como músico de banda tuvo la oportunidad de exhibir sus composiciones, una de ellas, la obra Libia —para piano— hizo que ganara una beca en el Conservatorio Nacional, que en ese entonces era la Academia Nacional de Música.

Sin embargo, cuando estaba a punto de cumplir 30 años, se contagió de lepra; suceso que, según ambos investigadores, fue afortunado y desafortunado para él, puesto que hizo que pasara el resto de su vida en Agua de Dios, mejor conocido en la época como Leprocomio —era residencia de quienes padecían esta enfermedad— y fue donde desarrolló una obra que pocos compositores colombianos han logrado.

En ese entonces era ya un músico prestigioso en los salones bogotanos, pero luego de adquirir la enfermedad, «que lo convierte en un mártir y lo aísla del mundo, también pudo explorar profundamente la música. Desde Leprocomio atendió nueve templos religiosos y componía las canciones para todas las misas, recibió un subsidio del Estado y la comunidad religiosa de los salesianos le dieron un piano y una casa. En su martirio encontró la libertad para componer», opinó Berrío Cano.

Para el investigador es significativo que la Universidad de Antioquia reciba este legado, porque en los pianos del Auditorio Harold Martina, el Teatro Carlos E. Restrepo y en el Teatro Universitario Camilo Torres se han grabado obras de piano de Calvo.

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