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Poca atención a leishmaniasis, su mayor impulsor

01/08/2022
Por: Carlos Olimpo Restrepo S. - Periodista

Está catalogada por la Organización Mundial de la Salud como una enfermedad olvidada o desatendida, pese a que hay 350 millones de personas en riesgo de ser infectadas por el parásito que la causa. Se estima que en Colombia, al igual que en otros países de las zonas tropicales, puede haber un subregistro superior al 50 %.

El Pecet tiene patentes en Colomboia y Estados Unidos sobre varios desarrollos que han permitido avanzar en la búsqueda de medicamentos para tratar varias formas de leishmaniasis. Foto: Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe F.

La leishmaniasis es una enfermedad infecciosa que está presente en más de 100 países del planeta, entre ellos Colombia, y está catalogada por la Organización Mundial de la Salud —OMS— dentro del grupo de las enfermedades olvidadas o desatendidas porque, a pesar de que está en tantas regiones y hay muchos casos con una alta mortalidad asociada, la industria farmacéutica no se preocupa por ella. 

Se trata de un mal causado por el parásito protozoo leishmania, que es transmitido por lo general por la picadura del mosquito hembra o flebótomo, y que se caracteriza por causar llagas en la piel y las mucosas, y, en algunos casos, afecta vísceras y daña el sistema inmune.

«La OMS creó la categoría de enfermedades olvidadas o desatendidas en referencia a las que están muy extendidas en el mundo, principalmente en zonas subtropicales y tropicales, que afectan a mucha población, en especial en zonas rurales, y que no son de interés para las multinacionales farmacéuticas, porque es un mercado que puede resultar poco rentable para esas industrias», explicó el médico Iván Darío Vélez Bernal, quien empezó a indagar sobre esta dolencia hace 40 años.

En el proceso de investigarla creó el Programa de Estudio y Control de Enfermedades Tropicales—Pecet—, adscrito a la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, equipo pionero en Colombia con experiencia en grandes estudios eco-epidemiológicos para determinar el riesgo de transmisión, desde la costa Caribe hasta la selva del Amazonas, desde Chocó hasta Arauca, indicó Vélez Bernal.

Precisamente, por ser desatendida, las cifras son preocupantes. Un informe de la OMS de 2021 y que recoge datos hasta 2020, reportó que durante la segunda década del siglo XXI, cada año, en promedio, se registraron en el planeta alrededor de 1.5 millones de contagios nuevos de leishmaniasis, y entre 20 000 y 30 000 muertes, en diversos territorios. Se encuentra tanto en países desarrollados, como los del sur de Europa, y en naciones muy pobres de África, Asia y América Latina. En el continente americano se reportan casos desde el sur de Estados Unidos hasta Argentina, con 350 millones de personas en riesgo de sufrirla. 

Según los registros de la Organización Panamericana de la Salud —OPS—, en las Américas se reportaron 1 067 759 casos en las dos primeras décadas del siglo XXI. En Colombia se presentan las tres formas principales de la enfermedad: cutánea, que afecta la piel; mucosa, que va hasta el tabique nasal y el paladar, y visceral, que altera órganos como el bazo, el hígado y la médula ósea, que impacta sobre todo a niños y es mortal si no se hace un tratamiento a tiempo y adecuado.

El doctor en Biología Óscar Daniel Salomón, director del Instituto Nacional de Medicina Tropical de Argentina y quien lleva 40 años estudiando las enfermedades desatendidas, destacó que «hoy en América Latina, para la leishmaniasis cutánea tenemos brotes epidémicos asociados a los procesos de cambio de uso de la tierra, proyectos de desarrollo, ocupación legal e ilegal de tierras, y un asunto que últimamente ha tomado mucha fuerza: la migración masiva que pasa por zonas selváticas, como el tapón del Darién, donde las personas se exponen a los vectores».

Sobre la forma visceral, el investigador afirmó que «en la región se ha disparado hacia el sur y en el norte de Suramérica, donde era una enfermedad netamente rural, se urbanizó y se empezó a dispersar. Después de que dimos la alerta a Bolivia, Brasil y Uruguay se detectaron casos en esos países». Colombia fue el segundo país del continente donde más casos se presentaron, 6161 en 2020 —el año del más reciente reporte de la OPS—, después de Brasil, con 16 432.

Como en el resto del planeta, en Colombia, la gran mayoría de los infectados residen en zonas pobres y rurales. Según el Instituto Nacional de Salud —INS—, para el 2018 había en el país 58.72 casos de leishmaniasis por cada 100 000 habitantes, una cifra menor que los de sida o cáncer, pero por las condiciones de vida de los contagiados por leishmaniasis, los expertos consideran que las cifras reales pueden ser más altas, pues muchos afectados acuden a curanderos tradicionales, por fuera del sistema nacional de salud, con lo que quedan casos y muertes no registradas en las estadísticas oficiales.

 

El Pecet de la Facultad de Medicina de la UdeA lleva más de 36 años investigando diferentes enfermedades, entre ellas la leishmaniasis. Foto: Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe F.

En busca de alivio

Para tratar la leishmaniasis —visceral, mucosa o cutánea—, desde hace unos 70 años predomina en el mundo el tratamiento con un medicamento derivado del antimonio pentavalente que, aunque eficiente, es muy tóxico, ya que muchos pacientes sufren daños hepáticos, cardiacos o renales tras la aplicación de las diferentes dosis diarias —durante 20 a 30 días, dependiendo del tipo de la enfermedad—.

Ante este panorama, en la última década el Pecet también se ha esforzado en desarrollar medicamentos y vacunas para la leishmaniasis, así como para optimizar las medidas de prevención. Sara Robledo, coordinadora de la Unidad de Ensayos Biológicos e Inmunología del Pecet, explicó que en 2010 empezó la búsqueda de un medicamento para la leishmaniasis cutánea, por ser esta la forma clínica que más se presenta en Colombia.

El Pecet cuenta con 20 patentes en Estados Unidos y Colombia obtenidas a partir de estas investigaciones. Algunos de los productos ya se han probado en personas, como la crema Anfoleish, que está en la fase 2. Todos estos procesos se adelantan con el apoyo de otros grupos de investigación de la UdeA y de otras instituciones de educación superior, así como con el acompañamiento de algunas empresas privadas.

También puede leer: Por formulación de crema para la leishmaniasis, UdeA y Unal reciben patente

«Como universitarios e investigadores nos corresponde hacer, para nuestros pacientes, lo que no hacen las multinacionales farmacéuticas frente a este tipo de enfermedades. Por ello hemos apostado y estamos trabajando en el desarrollo de medicamentos, vacunas y tests diagnósticos», dijo Vélez.

Agregó que «para ellos hemos convocado a muchos grupos de la universidad, a las universidades y a la industria farmacéutica local, y hemos logrado crear, con tal fin, la Corporación de Innovación para el Desarrollo de Productos contra Enfermedades Tropicales —Cidepro—».

Iván Darío Vélez espera que con el trabajo del Pecet llegue una nueva generación que sirva para continuar las investigaciones en torno a la leishmaniasis. «Esta es una enfermedad que resulta apasionante cuando uno se dedica a estudiarla pensando en los pacientes, porque ve que es una labor que sirve a las personas, sobre todo a las más necesitadas, a las que viven en zonas rurales, que necesitan esa labor de la academia, para que puedan tener buenos tests diagnósticos, buenos medicamentos y buenas medidas de prevención», puntualizó el líder del Pecet.

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