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Academia Sociedad Vida

La revolución alimentaria comienza en casa

04/05/2022
Por: Natalia Piedrahita Tamayo- Periodista

Un problema estructural en el sistema económico hace que el alza de precios en Colombia restrinja la calidad alimentaria de las familias. Sin embargo, hay pequeñas esperanzas: la capacidad de los Gobiernos para reducir los costos de los alimentos y el liderazgo de comunidades y familias para organizar sus compras y apoyar a los productores locales.

La más reciente Encuesta Nacional de Situación Nutricional de Colombia —Ensin 2015—, del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, reportó a más de la mitad de los hogares del país en condiciones de inseguridad alimentaria. Y en el estudio de 2019 que realizó la  Escuela de Nutrición y Dietética de la UdeA y el programa Gerencia de Seguridad Alimentaria y Nutricional de la Gobernación de Antioquia se reportó que en 7 de cada 10 hogares se dan falencias nutricionales.

A esta situación se sumó la crisis económica que se agudizó en el lapso de la pandemia por la covid-19. Hoy, muchos colombianos padecen hambre. A este panorama se suman las afectaciones a la canasta familiar que trajo la actual alza de precios en el costo de vida que, según el Dane, es la mayor de los últimos cinco años. Con todo esto, investigadoras de la nutrición humana advierten que el problema de la precariedad alimentaria en el país no es nuevo sino que hace parte de un acumulado histórico de un sistema económico inequitativo.

«A partir de 1950, Colombia priorizó la exportación como eje de las políticas agrarias, favoreciendo rubros como el café, el banano, la caña de azúcar y el plátano, a los que el Estado les financió el desarrollo de monocultivos. Muchos campesinos dejaron de producir para el consumo de sus familias y comunidades, y comenzaron a producir para exportar. La consecuencia es que dependamos de las importaciones de alimentos que se compran en dólares y, por tanto, se ven afectados por los avatares de la economía mundial, lo cual se traduce en que sean muy costosos o inaccesibles para muchos», explicó Marta Alicia Cadavid Castro, investigadora y docente de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Antioquia.

Las investigadoras señalan que las mujeres son quienes primero sacrifican su calidad alimentaria o disminuyen las raciones de comida para privilegiar la alimentación de sus familias.

Un fenómeno particular que se ha dado en Colombia y el  mundo es la inflación —ver artículo ¿Por qué sube el precio de los alimentos?, incluido en este especial de Alma Mater—. El 2021 cerró con una inflación del 5.62 %, la más alta registrada en cinco años. Sin embargo, los mayores incrementos se registraron en los precios de los alimentos y las bebidas no alcohólicas, con 17.23 %.

Productos como las carnes rojas, el queso, la papa y los granos, incluidos en la canasta básica familiar, fueron los que más aumentaron. En este contexto, vale la pena indagar por acciones nutricionales que permitan el ahorro y mantenimiento de la calidad alimentaria de las familias colombianas. Estas son algunas que puede aplicar en casa.

Fotografía: cortesía Alejandra Uribe Fernández.

Sana alimentación

Se recomienda consumir producciones locales de alimentos, sobre todo perecederos: frutas, verduras, huevos, lácteos. Cuando uno le compra al campesino de su municipio está fortaleciendo a ese productor que vende productos naturales. «Los consumidores debemos entender que estos 70 años de economía internacional nos han acostumbrado a una características estéticas de los alimentos: al mercar en almacenes de cadena vemos naranjas con unos colores llamativos, empaques con etiquetas y organizadas; mientras que en la venta del productor local encontramos características no estandarizadas: naranjas desiguales, zanahorias con patitas, papas con tierra, y esa es la verdadera naturaleza de los alimentos», manifestó Adriana Marcela Ruiz Pineda, investigadora y docente de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Antioquia.

Además de estimular la economía local a partir de la venta de productos reales, el retorno a los mercados campesinos y plazas de mercado permite que el consumidor economice mientras elige conscientemente su alimentación. Mientras los mercados de cadena proponen una selección de productos estrella para su consumo, las plazas ofrecen mayor variedad de alimentos.

«Frente a las bebidas ultra procesadas —que tienen gran cantidad de azúcares, sodio, grasas y sustancias desconocidas, que consumidas continuamente puede ser perjudiciales para la salud—, una opción más económica, saludable y deliciosa serían los jugos de frutas, que aportan más fibra que una gaseosa», recomendó Cadavid Castro.

Esto sin mencionar el rendimiento de las porciones: mientras que una botella de gaseosa de 350 mililitros da para el consumo de una o dos personas, un litro de jugo hecho con cuatro guayabas, dos maracuyás o un mango, es suficiente para servir 4 vasos.

Desde la perspectiva de Ruiz Pineda, la pérdida de la biodiversidad en los alimentos obedece a su industrialización. «Mientras en  la producción local existe gran variedad de granos, en un supermercado se encuentran solamente cargamanto blanco y rojo. Los productores locales conservan las semillas de las plantas y con ellas su variedad. Este tipo de consumos puede fortalecer la economía, balancear la dieta y llevar al usuario a explorar nuevos sabores».

Ningún alimento es irremplazable

A nivel nutricional el cuerpo humano no necesita alimentos específicos, en ninguna parte se indica que el consumo de carnes o determinadas frutas sea obligatorio. Este requiere unos componentes nutricionales —como el hierro, el calcio, las vitaminas y las proteínas—, por lo cual muchos alimentos son sustituibles.

«Las carnes blancas y rojas están en el mismo grupo de las leguminosas y pueden ser reemplazadas por mezclas de lentejas, garbanzos, frijoles, huevos, soya y cereales. Cuando las leguminosas se combinan con cereales, la calidad de proteínas es la misma del huevo, que es el alimento estándar para medir este componente. Un vegetariano puede vivir consumiendo esta combinación», afirmó Ruiz Pineda.

Tradicionalmente los colombianos han sido grandes consumidores de papa, preparada en bistecs, purés, sopas y como acompañante, y este es justamente uno de los productos que mayor incremento en el precio tuvo —140 %—. Afortunadamente, esta se puede reemplazar con otros tubérculos como el ñame, el plátano, el guineo, la arracacha, la batata y las hibias.

Basados en esa variedad de opciones, la invitación de ambas investigadoras es a pensar en cómo preservar o rescatar recetas tradicionales, es un asunto de convicción y de sacar el tiempo para cocinar: «Ante el incremento en las carnes, las personas podrían considerar algunos intercambios. Casi siempre se compran las extremidades del pollo, sin embargo, las vísceras —hígado, corazón, molleja— son excelentes fuentes de hierro y minerales, y son menos costosas».

Listas de mercado

Comparar los precios de alimentos y las variaciones que tienen en sus diferentes puntos de compra permite generar estrategias de economía para el consumidor. «La planeación es una excelente estrategia para saber qué necesito y no necesito para cocinar. En gran parte de los hogares colombianos se pierden raciones de comida. Esta es una buena oportunidad para tomar la libreta y decidir conscientemente qué, dónde y cómo compro y distribuyo los alimentos», indicó Cadavid Castro.

Las investigadoras destacan que las personas pueden congelar las porciones de carne y las verduras para economizar tiempo y también apropiarse de las herramientas de preparación, aprender recetas y ampliar el repertorio del menú.

Consulte la cartilla 'Al rescate de nuestras tradiciones alimentarias: raíces y tubérculos andinos' 

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