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Academia Sociedad

De Venezuela a Colombia: por una integración «sin bordes»

04/03/2024
Por: Johansson Cruz Lopera - Periodista

Desescalar los discursos de odio, promover la integración y la garantía de derechos para la población migrante, y generar conciencia sobre la realidad de la migración, son los propósitos del proyecto «Ciudades Sin Borde», liderado desde la UdeA en conjunto con la Fundación Casa de las Estrategias. La estrategia, que busca construir una nueva narrativa sobre la migración venezolana en Colombia a partir de los frentes pedagógico, comunicativo y de investigación, se desarrolla en las seis ciudades del país en las que se registra mayor presencia migratoria.

Foto: Cortesía «Ciudades Sin Borde»

En el último censo realizado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística —Dane—, en 2020, Medellín registró una población de 2 553 424 habitantes. ¿Qué pasaría si todas estas personas decidieran partir y distribuirse por toda Colombia? El escenario sería muy parecido a lo que ocurre hoy en día con la población migrante y refugiada venezolana que, desde el año 2014, comenzó a ingresar a Colombia producto de una crisis económica, humanitaria y social en Venezuela. 

De acuerdo con las cifras de Migración Colombia —actualizadas al 31 de enero de 2024— la población migrante venezolana en el país es de 2 584 574. De este total, 1 942 524 migrantes ya tienen su situación regularizada en Colombia, mientras que 642 050 aún se encuentran en proceso de regularización.

El 71 % de esta población regularizada está amparado por el Estatuto Temporal de Protección para Migrantes Venezolanos (ETPV). Las mujeres representan el 50.2 % de la población migrante venezolana en Colombia, mientras que los hombres conforman el 49.8 %. Las principales ciudades de acogida son Bogotá, Medellín, Barranquilla, Cali y Cúcuta, donde se concentra la mayor parte de la actividad económica y las oportunidades laborales.

«Es aún muy escasa la reflexión cultural en torno a la migración. La gente no comprende que migrar es un derecho. El desconocimiento sobre las causas de la migración es profundísimo y los medios muy poco contribuyen a entenderlo. Cuentan si hay una crisis humanitaria en el Darién o si un extranjero comete un crimen; pero no hay un trabajo que le permita a la gente entender qué es eso de la migración», manifestó Astrid Carrasquilla Puerta, coordinadora académica del proyecto Ciudades Sin Borde y profesora de la Facultad de Comunicaciones y Filología de la UdeA. 

Construir una nueva narrativa
 

Según Carrasquilla, «asistimos a un punto de inflexión en la historia de Colombia por cuenta de este reto de integración. Muchas personas venezolanas desplazadas se encuentran con dificultades en el acceso a rutas de atención claras y a oportunidades de empleo, salud, educación, agua potable y albergues —dijo—, lo que las expone al tráfico de personas, la explotación laboral y sexual, entre otros»

En medio de este contexto se desarrolla el proyecto «Ciudades Sin Borde», que es impulsado por el Laboratorio Barrio U de la Facultad de Comunicaciones y Filología de la Universidad de Antioquia y la Fundación Casa de las Estrategias, y que cuenta también con el apoyo del fondo de subvenciones Lives in Dignity, gestionado por la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos —UNOPS— con recursos de la Unión Europea. 

El objetivo es favorecer la integración entre personas colombianas y venezolanas, la garantía de derechos y la disminución de prácticas discriminatorias en seis ciudades del país: Medellín, Cúcuta, Apartadó, Bogotá, Cali y Barranquilla —precisamente las ciudades donde se ha registrado mayor acogida, según Migración Colombia—.

Para dar pasos hacia la integración debe haber conocimiento sobre por qué la gente migra, que migrar es un derecho y que existen acuerdos internacionales que protegen ese derecho. Por eso desde esta iniciativa se trabaja en construir una nueva narrativa alrededor de este fenómeno social que se ha incrementado en la última década.

«Cambiar el relato xenófobo y aporófobo sobre las personas migrantes tiene que ver con todo. Las decisiones políticas, por ejemplo, pasan por el filtro emocional y simbólico. Nosotros justificamos el proyecto desde este aspecto porque resulta determinante el acceso a derechos», sostuvo la coordinadora académica del proyecto. 

Un buen ejemplo de eso es, entre otros, el acceso a la salud. Si un vigilante de una entidad de salud tiene prejuicio sobre los migrantes, por el mero hecho del prejuicio, dificultará el acceso al derecho a esa persona migrante. Cambiar la narrativa es fundamental, porque implica desescalar los discursos de odio, implica que las personas puedan acceder a sus derechos en condiciones dignas. 

Gabrielle Chaizy, Grant Management Specialist de la UNOPS, destacó que este proyecto fue seleccionado, entre varias propuestas, precisamente por ese enfoque en transformar la narrativa. «Otros proyectos tienen actividades concretas de infraestructura —hacer escuelas, viviendas, etc— pero este es el único que trabaja en integrar a las comunidades a través de reflexiones y construir nuevas narrativas», sostuvo. 

Retos de la migración
 

Durante el 2023 más de 4300 personas se beneficiaron con esta iniciativa que promueve la diversidad cultural y la integración entre población migrante y refugiada con comunidades de acogida y que se desarrolla mediante tres componentes: pedagógico, comunicativo y de investigación y articulación. 

Foto: Cortesía «Ciudades Sin Borde»

Astrid Carrasquilla destacó que en los relatos de muchas madres que impactan con el proyecto, está presente un miedo permanente a que sus hijos sean violentados por ser de otra nacionalidad. «Tenemos una generación de jóvenes que están viviendo acá, encerrados, porque sus madres, muchas de ellas cabeza de hogar, hacen todo lo posible para que no salgan —por ejemplo, buscan garantizar el internet para que accedan a juegos, películas, etc.—. ¿Qué implicaciones tiene para el desarrollo de niños, niñas, adolescentes y jóvenes atravesar un duelo migratorio mientras están por fuera de entornos naturales de socialización —ya sea porque hay miedo, porque están siendo excluidos de ciertos escenarios o porque las políticas públicas no favorecen dicha integración—?», se pregunta la investigadora.  

Esos niños, niñas y, en especial, jóvenes están creciendo con muchas dificultades porque sienten desarraigo y les cuesta hacer amigos. La composición social se está transformando. ¡Ya hay familias binacionales! Muchos de esos venezolanos tienen una vocación de permanencia y están construyendo su proyecto de vida en el país.

La población migrante requiere de enfoques diferenciales. El contexto educativo es un lugar muy importante en este tema. Los y las profes son parte de la sociedad y también tienen prejuicios. Muchos de ellos leen a sus estudiantes migrantes de otras maneras y necesitan pasar por un proceso de formación y reflexión para que desactiven esos prejuicios.  

Viviana Méndez, docente de la Institución Educativa Isaías Gamboa de la ciudad de Cali, valoró el aporte de «Ciudades Sin Borde»: «En la institución tenemos un proyecto, en el área de Ciencias Sociales, que aborda los temas de entorno cultural, sentido de pertenencia y convivencia en paz. Desde ahí abordamos el tema de derechos humanos y gracias a esta iniciativa comenzamos a trabajar el tema de la migración. Siempre habíamos abordado, desde la multiculturalidad e interculturalidad, la parte afro e indígena, pero no se nos había ocurrido extender estas prácticas pedagógicas con la migración venezolana, que es una realidad en nuestra institución», dijo. 

«Necesitamos darle lugar a narrativas que permitan reconocer que la migración es también una oportunidad y realiza aportes significativos a la cultura y la economía, por ejemplo, es muy valioso para la sostenibilidad del sistema pensional porque una gran fuerza trabajadora joven empieza a contribuir a ese sistema», indicó la profesora, quien también llamó la atención sobre el mito de que las personas venezolanas solo necesitan apoyo; muchas han llegado a crear empresa o son cerebros fugados que ahora comparten su experiencia y saber en nuestros territorios. «Hay una necesidad de contar esas otras historias que tienen que ver con las contribuciones de la migración y entenderla desde su complejidad y no solo desde el ángulo negativo», concluyó Astrid Carrasquilla.

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