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Gonzalo Medina, una obra entre el periodismo, el fútbol y la enseñanza

07/10/2022
Por: Carlos Olimpo Restrepo S. – Periodista

Si algo caracteriza la carrera de Luis Gonzalo Medina Pérez es su pasión por investigar y profundizar en las materias que lo han apasionado durante su ejercicio profesional y que lo han convertido en referente de rigurosidad para estudiantes, colegas y profesionales de diferentes disciplinas, dentro y fuera de la Alma Máter. Hoy, la UdeA lo reconoce con la distinción A una obra.

Profesor Gonzalo medina lee un ejemplar del periódico De la Urbe.
Gonzalo Medina ha sido un «devorador» incansable de periódicos desde que estaba en la escuela, pues a su casa llegaba todos los días alguno de los diarios de la capital antioqueña. Foto: Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe F.

En su casa siempre tuvo a la mano periódicos, revistas y libros, la radio siempre encendida y unos parientes inquietos por informarse sobre lo que pasaba en el país y alrededor del fútbol, en especial todo lo relacionado con el Deportivo Independiente Medellín —DIM—. Eran los años 60 del siglo XX y Gonzalo Medina Pérez crecía en un barrio popular de la capital antioqueña, Sevilla, vecino de la Universidad de Antioquia. Mientras iba y venía de la casa a la escuela devoraba libros —recuerda en especial uno sobre el asesinato de John F. Kennedy y otro titulado La Cuba de Fidel— y ejemplares de los diarios El Colombiano, El Correo, y de la revista Vea Deportes.

En la radio Miguel Zapata Restrepo, del radioperiódico Clarín, fue uno de sus primeros referentes, por su manera pausada de hacer comentarios políticos y deportivos, lo mismo que Martín Velásquez Pardo. «Para mí fue un hallazgo maravilloso conocer a estas personas que escuchaba desde la escuela cuando ya era un estudiante de lo que se llamaba entonces Ciencias de la Comunicación en la UdeA».

Allí empezó a estudiar el 20 de marzo de 1973 y a partir de entonces empezó su relación con los medios, primero con la Emisora de la Universidad donde los fines de semana hacía los reemplazos de los encargados de los controles. Más adelante, sin haberse graduado aún, tuvo su primera experiencia como reportero en Radio Ritmos y luego en la cadena radial Caracol, entre 1977 y 1978, donde cubría información judicial.

Gracias a esta experiencia estableció lazos con fuentes en la Policía, la IV Brigada y el DAS, así como en algunos juzgados penales, lo cual, dice, seguramente pesó para ser seleccionado para hacer parte de la naciente sala de redacción del periódico El Mundo, en abril de 1979, donde también hizo parte de la sección deportiva. 

Para mediados de ese año, Gonzalo Medina se propuso buscar otras experiencias y viajó por su cuenta a Managua, donde estuvo un mes y fue testigo de los primeros días del sandinismo en el poder en Nicaragua, tras la derrota de la dictadura somocista.

«A varios periodistas, de Nicaragua y del resto del Mundo, nos alojaron en una casa abandonada en Managua y desde allí salíamos a buscar la información. Allí pude conocer a miembros de la Junta de Reconstrucción Nacional, como Edén Pastora, Tomás Borge o Sergio Ramírez, el escritor», recordó de esa primera experiencia en el exterior.

De allí volvió con la convicción de que debía cubrir la guerra civil en El Salvador y, tras el asesinato de monseñor Oscar Romero, el 24 de marzo de 1980, hizo una propuesta para que entre él y el periódico El Mundo asumieran los gastos por partes iguales. «Yo no puedo asumir eso. Yo te doy una licencia no remunerada y, si regresás vivo, miramos a ver qué traes y te lo compro», fue la respuesta que, asegura, le dio Darío Arizmendi, entonces director del diario.

Esto no lo acobardó, tomó sus ahorros y se fue, hizo entrevistas, tomó fotografías, recorrió varias zonas y regresó con este material tres semanas después, que sirvió como base para la serie El Salvador, fusil en mano, que se publicó en cinco entregas en el periódico.

En octubre de 1980 decidió volver a El Salvador y desde allí envió textos al diario antioqueño e hizo informes para Caracol Radio durante cuatro meses. Cuando se le acabó la plata, regresó a Medellín y de nuevo volvió a El Mundo, donde, tras la muerte de su madre, pidió ser trasladado de sección y pasó a la redacción de deportes.

En el ejercicio del periodismo, Gonzalo Medina fue reportero radial y de periódicos en las áreas judicial y deportiva..Foto: Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe F.

 

El mundo académico

Sin dejar de lado sus actividades de reportero, empezaron a ganar fuerza sus cualidades como formador de periodistas y como investigador social, campos en los que hoy es un referente para quienes pasaron por sus clases y sus colegas de grupos de investigación, y del cual quedan textos que aún son guías en algunos pregrados y posgrados de la Alma Máter.

Primero fue su vinculación al Centro Laubach de Educación Popular —Cleba—, donde inicialmente coordinaba programas educativos dirigidos a comunidades urbanas y rurales, y llegó a ser director, entre 1984 y 1987. De allí, Gonzalo Medina dio el salto a una iniciativa privada, con otros colegas, para acompañar procesos comunicacionales en entidades públicas y privadas, en especial sindicatos, y empezó a fortalecer vínculos con integrantes de organizaciones sociales y en 1991 fue director ejecutivo del Colegio Antioqueño de Abogados —Colegas—, donde compartió con personalidades de la talla de Jesús María Valle e Iván Velásquez Gómez.

De manera simultánea empezó su actividad docente en la Universidad Pontificia Bolivariana, donde entre 1988 y 1991 fue profesor de radio, y luego en la Universidad de Antioquia, donde tuvo varias asignaturas regulares —Periodismo, Redacción periodística, Opinión pública— en los pregrados de Comunicación Social y de Periodismo, así como en la Maestría de Comunicaciones, entre 1987 y 2014, además de otros cursos en diferentes unidades académicas de la Alma Máter.

«Acepté con mucho susto dictar el curso de Opinión pública en la UdeA y me enfrenté a un grupo grande, como de 35 o 40 estudiantes, en uno de los salones del bloque 10. Me fue relativamente bien y con esta experiencia empecé a montar un documento de orientación para los alumnos, que durante varios años se vendió como guía, y esto dio origen a un libro que me publicó la editorial», anotó el investigador. Opinión pública. Comunicación política. Democracia. Medios tuvo su primera edición en 2012 y, en 2020, tras una actualización que le hizo Medina para incluir aspectos relacionados con las redes sociales, la Editorial UdeA publicó la segunda edición.

Este no ha sido su único libro, ni su único tema. A medida que se centraba más en su actividad docente, también sacó tiempo para estudiar más. Fue así como en 1995 obtuvo su título como Magíster en Ciencia Política del Instituto de Estudios Políticos de la UdeA y, en 2020, se doctoró en Literatura por parte de la Facultad de Comunicaciones, también en la UdeA.

Y en medio de esto surgieron otros retos: en 1998 participó en la creación del Grupo Interdisciplinario de Investigación de Conflictos y de Violencias, adscrito al Instituto de Estudios Regionales —Iner—, para 1999 hizo parte del equipo que trabajó en la fundamentación del pregrado en Periodismo, adscrito a la Facultad de Comunicaciones de la UdeA, que comenzó a funcionar en 2001 y, en 2009 integró el grupo de profesores que creó la Maestría en Comunicaciones, de la misma facultad. 

Fruto de esta inquietud docente y académica son múltiples investigaciones y ensayos, publicados en Colombia y otros países, entre los que se destacan textos como Dinámicas de guerra y construcción de paz. Estudio Interdisciplinario del conflicto armado en la Comuna 13 de Medellín; Balance de los estudios sobre violencia en Antioquia y La construcción del enemigo en el conflicto armado colombiano.1998-2010, de los que es coautor junto a otros investigadores del Iner.

Recientemente publicó el libro Las voces de lo imposible. Los protagonistas silenciosos de la Operación Jaque y tiene en edición Calabar. El cadáver que revivió la historia de Brasil, con base en la tesis doctoral que presentó en 2019. De igual manera, trabaja en la actualidad en la escritura y edición de dos nuevos libros, uno sobre comunicación política y otro sobre fútbol.

Profesoir Gonzalo Medina en el estadio de la Ciudad Universitaria de la UdeA.El fútbol ha sido una pasión que ha acompañado a Gonzalo Medina con mucha fuerza desde 1965, cuando un cuñado lo llevó al estadio Atanasio Girardot para ver un amistoso entre el DIM y Botafogo. Foto: Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe F.

 

Una pasión de toda la vida

El esposo de su hermana mayor fue quien le inculcó su devoción por el fútbol. Con él fue por primera vez al estadio Atanasio Girardot, en 1963, para ver al DIM contra el Botafogo de Brasil, en un amistoso del que recita parte de las formaciones, pero resalta entre ellos a Orestes Corbata, un puntero que significa mucho para los aficionados del rojo antioqueño y para la vida personal y profesional de Medina.

«Disfruté mucho las jugadas de Botafogo, que era un equipazo, pero en ese momento me hice hincha del Medellín», aseguró, tras recordar que poco después tomaría de un puesto de revistas un ejemplar de Vea Deportes en cuya portada estaba la imagen de Corbata y se la llevaría a casa sin pagar.

Esa pasión por el fútbol, el DIM y el periodismo creció con las lecturas de El rincón de Casandra, columna de los lunes de José Yepes Lema, quien patentó la frase «oh poderoso, nos vas a homicidar» y fue un referente para Gonzalo a lo largo de su vida.

Más de 20 años después, en 1985, Gonzalo fue a Buenos Aires en plan de turismo, pero también tras los pasos de Corbata, ya entonces un ídolo caído en desgracia y olvidado por muchos, pero no por él. Tras preguntar por él en el estadio de Racing, en Avellaneda, lo remitieron al hospital de Villa Fiorito, un barrio popular del sur de la capital argentina. Allí no estaba, pero sí en un bar del frente. De allí salió una entrevista que se trasmitió en el programa Wbeimar lo dice y un reportaje publicado en El Colombiano.

«De esto me quedó la inquietud por los ídolos caídos en desgracia, empecé a buscar y encontrar autores que escribieron sobre jugadores y fútbol en general, como Luis Tejada, Marguerite Duras, Rafael Alberti, canciones colombianas y de otros lados, que dieron vida a un libro que me publicó el Medellín en 1998 y del que hicimos una segunda edición en 2011», evocó el escritor, Se trata de Sueños a la redonda, una antología literaria y musical en torno al fútbol, obra en la que trabajó en simultáneo con Una gambeta a la muerte. O cómo el espíritu de resistir en Medellín, también corre tras un balón, publicado en 1994 por el Fondo Editorial de Cooprudea, y luego vino ¡Prohibido perder! Y otros juegos de poder alrededor del fútbol, la cultura y la política, de 2007.

Pero tal vez el texto que más lo llena de orgullo alrededor de este tema es Evocación de Corea. Cemento armado de pasión roja, que hace parte del libro Rey de corazones. El Medellín, una pasión crónica, del que fue editor y sobre el que trabaja, junto a otros autores apasionados por este club, en una nueva edición.

Y en términos generales se puede decir que, aunque se jubiló hace ya varios años, no ha dejado las aulas, tampoco su dedicación a la investigación y la escritura y, mucho menos, su devoción por el fútbol, en especial por el DIM, pasiones de toda su vida que espera lo acompañen muchos años más.

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