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Academia Ciencia

El subsuelo del Aburrá almacena una gran riqueza hídrica

30/01/2024
Por: Carlos Olimpo Restrepo S. - Periodista

Los estudios adelantados desde hace dos décadas por el Grupo de Investigación en Ingeniería y Gestión Ambiental —Giga— y la profesora Teresita Betancur, de la Facultad de Ingeniería de la UdeA, fueron fundamentales para la elaboración del plan de manejo del acuífero, donde están las políticas y directrices que deben hacer cumplir las autoridades ambientales como el Área Metropolitana y Corantioquia. 

Mapa: UdeA y Área Metropolitana del Valle de Aburrá.Adaptación: Dirección de Comunicaciones UdeA / Diseño Carolina Gomes.


Se necesitarían 111 579 piscinas como la de la Universidad de Antioquia o 17 represas como La Fe, en el municipio de El Retiro, para contener los 212 millones de metros cúbicos de agua almacenados en los tres grandes acuíferos del Valle de Aburrá

Estas aguas subterráneas cuentan con el Plan de Manejo Ambiental del Acuífero del Valle de Aburrá desde 2019, elaborado con base en estudios de investigadores de las universidades de Antioquia y Nacional, junto con profesionales del Área Metropolitana del Valle de Aburrá —Amva— y Corantioquia, que se adelantaron para tal fin desde 2015. 

La profesora Teresita Betancur, de la Facultad de Ingeniería de la UdeA, lleva unas dos décadas investigando los acuíferos, es decir, las rocas porosas y permeables que almacenan y conducen las aguas que están por debajo del suelo, y por eso fue una de las que encabezó el trabajo del Grupo de Investigación en Ingeniería y Gestión Ambiental —Giga— que sirvió como base para la formulación del mencionado plan. 

«El agua tiene un ciclo natural que casi todos conocemos: vaporización, nubes, precipitación. Pero no toda la que cae va a los ríos. Según la cobertura y la topografía, o la composición del suelo, puede atravesar la superficie y viajar más profundo, hasta incorporarse a las rocas que, aunque las vemos como materiales sólidos, son porosas, y en sus poros se almacena este líquido. Eso es lo que llamamos el agua subterránea», explicó la investigadora. 

En el planeta, este recurso se encuentra por debajo de la superficie terrestre, de los lechos de los ríos e incluso del lecho marino, o en formaciones geológicas relativamente aisladas de estos, como es el caso de la dunita de Medellín, en la zona nororiental del Valle de Aburrá, uno de los tres acuíferos identificados en la región, junto con el semiconfinado y el libre, que están más cerca del río y sus afluentes —véase mapa—.  

«Se trata de agua natural, de buena calidad, almacenada en los poros de las rocas de la corteza y puede llegar a ser tan abundante que puede servir para abastecer necesidades humanas», indicó la académica. 

 

Según el Ministerio de Ambiente, solo el 2,5 % del agua de la tierra es dulce o fresca, y de esta cantidad las aguas subterráneas son el 97 %. 

 

Un recurso limitado 
 

Si bien el agua es un recurso constante y renovable mediante un proceso natural, el consumo excesivo, la contaminación y el calentamiento global dilatan cada vez más sus ciclos de renovación y hacen que su uso se limite en algunas zonas del mundo. 

La población del Valle de Aburrá, alrededor de cuatro millones de personas, se abastece de agua potable de fuentes ubicadas en otras regiones de Antioquia, pero el uso de las subterráneas se ha incrementado en décadas recientes, y por eso el Plan de Manejo Ambiental de los Acuíferos establece controles para el suministro de este recurso. 

«Una de las recomendaciones que hicimos al Amva y a Empresas Públicas de Medellín —EPM— fue que se tuvieran unos pozos para abastecer emergencias de ciertos sectores y ante contingencias que obliguen al racionamiento o poca disponibilidad del recurso, pero solo para unas áreas en particular», precisó la profesora Teresita Betancur.  

Según el Inventario de Aguas Subterráneas del Valle de Aburrá, en 2001 existían 383 captaciones de agua subterránea, fueran pozos o aljibes, y veinte años después estaban registradas 642. 

«La mayoría de las aguas subterráneas en el Valle de Aburrá se están usando para el lavado de vehículos y nos parece que está bien, porque esta actividad no requiere agua potable y en términos de una política integral de uso eficiente del agua, utilizar estas, sabiendo que tenemos unas fuentes seguras de abastecimiento de agua potable por otros lados, es establecer un equilibrio sano», sostuvo la docente. 

Agregó que también se puede bombear lo almacenado en los acuíferos para el regadío de jardines, huertas, zonas verdes, parques e, incluso, para el aseo de zonas comunes en algunos edificios, para no consumir agua potable en estas actividades. 

Lo anterior no significa que cualquier persona o entidad privada o pública pueda poner en funcionamiento un sistema de extracción de esta agua. Para ello se debe hacer la gestión ante el Amva o Corantioquia, que son las autoridades ambientales del Valle de Aburrá, la cual incluye la solicitud de exploración y extracción, el uso que se le va a dar, el cumplimiento de requerimientos jurídicos y técnicos, además del pago por el procedimiento; luego, los profesionales de estas entidades hacen una visita técnica al sitio donde se planea hacer el bombeo, entre otros requisitos, y determinan si autorizan o no la solicitud. 

«Esto es muy importante porque las aguas subterráneas del Valle de Aburrá son un recurso finito, debido a que no hay suficiente cantidad para abastecer las necesidades de toda la población de la región durante un periodo de tiempo extenso», aseguró la investigadora. 

Como autoridad ambiental, el AMVA vigila contantemente los manantiales, pozos y aljibes que se surten de aguas subterráneas. Foto: Área Metropolitana del Valle de Aburrá.
 

Controles y revisiones necesarios 
 

Según un estudio de 2021 de la Universidad Nacional Sede Medellín, en el Valle de Aburrá se consumen cada año 383 billones de metros cúbicos de agua, entre la potable suministrada por EPM y acueductos de otros prestadores del servicio y la subterránea, con una pérdida del 34 %, es decir, más de 130 billones de metros cúbicos de agua desperdiciada. 

Por eso son necesarios los controles y las revisiones técnicas por parte de las empresas de acueductos y el monitoreo permanente de las autoridades ambientales, pero también debe crearse conciencia entre las personas, no solo para no desperdiciar directamente el agua, sino para evitar contaminarla, y esto incluye los acuíferos. 

Al respecto, Teresita Betancur precisó que «en condiciones naturales las aguas subterráneas son de mejor calidad, porque llueve, atraviesan el suelo y se almacenan en los poros y están más protegidas, pero se pueden contaminar porque todo lo que pasa en la superficie puede incorporarse poco a poco a ese mundo subterráneo». 

Un recurso que se vigila y protege 
 

Aunque en el Valle de Aburrá se investigan de manera rigurosa los acuíferos desde hace unas dos décadas, las autoridades ambientales son cautas al referirse a la cantidad de agua que se almacena en ellos

«No conocemos muy bien algunos espesores de los acuíferos, sí conocemos el agua que entra a ellos, que va ganado profundidad en el subsuelo y las rocas, hasta llegar a las formaciones geológicas que tienen la capacidad de almacenarla. Estimamos que la cantidad del líquido allí puede abastecer unas 400 000 personas anuales», explicó Camilo Duque, funcionario del Amva. 

Esta autoridad ambiental se encarga, junto con Corantioquia y Cornare, de estudiar y proteger los recursos hídricos y elaborar planes de manejo ambiental de acuíferos, para crear unas estrategias de conservación, recuperación y mantenimiento de ese recurso. 

Estas entidades también autorizan o rechazan las solicitudes de concesiones de explotación a particulares, sean personas naturales o jurídicas. El Amva tiene registradas 642 captaciones de aguas subterráneas, en pozos, aljibes u otros métodos, según un estudio sobre el territorio elaborado entre 2021 y 2022

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