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Sociedad Vida Especiales

Incremento de afectaciones a la salud mental en Antioquia: coletazos de la pandemia

12/09/2022
Por: Jennifer Restrepo de la Pava - Periodista

En 2021 una persona al día se quitó la vida en Antioquia. Aunque la Organización Mundial de la Salud alertó como consecuencia de la pandemia «un aumento a largo plazo del número y la severidad de los problemas de salud mental», el colapso de los servicios en julio de 2022 y el incremento de las cifras de atención en Antioquia son un signo de alerta de lo que ocurre en el departamento con estas enfermedades silenciosas y estigmatizadas.  

Persona sola sentada reflexionandoEl aislamiento, la pérdida de redes de apoyo, el miedo al contagio o a morir, la incertidumbre laboral, el desempleo y duelos no elaborados producto de la pandemia, crearon un profundo impacto en las personas. Foto: Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe F.

El trastorno afectivo bipolar y las esquizofrenias son las enfermedades mentales más frecuentes en los servicios de urgencias y hospitalización de Antioquia, mientras que la depresión y los trastornos de ansiedad han sido las causas más comunes de consulta externa durante 2021 y lo que va de 2022, según la Secretaría de Salud departamental. 

Previo a la pandemia —2019—, se realizaron 64 192 consultas entre urgencias, psiquiatría, psicología, neuropsicología y telemedicina por diversas enfermedades en el Hospital Mental de Antioquia —Homo—. Para el 2020, las consultas llegaron a 68 570, mientras que en el 2021 —año en que se levantaron la mayoría de las restricciones por covid-19—, esta cifra ascendió a 76 694. A julio de 2022 se habían alcanzado las 38 368 consultas, lo que muestra que muy probablemente superará el tope pasado. 

Aunque en 2021 la población más atendida en Antioquia fue entre los 61 y 65 años, los más afectados por las esquizofrenias fueron los hombres entre los 18 y los 25 años. El trastorno bipolar impacta en porcentajes similares a hombres y mujeres y su etapa inicial es entre los 24 y 25 años. Quienes más consultaron por síntomas asociados a depresión y ansiedad fueron las mujeres entre los 25 y 30 años.   

En la investigación Salud mental en Colombia: un análisis de los efectos de la pandemia, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística —Dane—, señala que la «salud mental es un estado de bienestar en el que las personas son capaces de realizar sus tareas de manera tranquila pese al estrés que experimentan». 

¿A qué se debe este incremento en las consultas por salud mental? De acuerdo con María Mercedes Uribe Isaza, subgerente de prestación de servicios encargada del Hospital Mental de Antioquia, es una mezcla de factores. 

«Aunque el covid no se ha ido, últimamente ha tenido más efectos sobre la salud mental que la física por el encierro, los duelos o las pérdidas económicas. Algunos servicios de salud pasaron a segundo plano, lo que impidió que los pacientes realizaran bien su tratamiento. Otro factor fue la época de vacaciones, que para los colombianos representó un aumento del consumo de alcohol y sustancias alucinógenas. Además, para el caso de Antioquia, por genética, somos una población propensa a sufrir enfermedades mentales como el trastorno afectivo bipolar», expresó Uribe Isaza.  

Estresores: punto de partida  

Hombre mayor sentado solo en un parqueUn primer signo de alarma de enfermedad mental es la alteración en el patrón del sueño, seguido de la dificultad para hacer cosas que se hacían habitualmente sin problemas. Foto: Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe F.

La médica especialista en psiquiatría destacó que existen factores genéticos, biológicos, externos y sociales que hacen a toda la población susceptible y que pueden desencadenar en cualquier momento una enfermedad mental o una crisis.  

«En Colombia, uno de los principales factores es la violencia, afecta el funcionamiento cerebral causando problemas mentales incluso años después de haberla padecido. Otro factor son las sustancias legales como el cigarrillo y alcohol, que son más comunes, y las drogas de entrada a otras como la cocaína, que también afectan el funcionamiento del cerebro. Hay estresores negativos como duelos y pérdidas económicas, de la pareja o de la familia; también existen estresores positivos que podrían desencadenar crisis, como ganar la lotería o el matrimonio de algún familiar, que pueden hacer que el cerebro requiera adaptarse a algo», señaló Mercedes. 

Los roles de género también son determinantes: «El papel que han asumido los hombres en Latinoamérica es el de no exteriorizar emociones o problemas de salud mental o física, son conductas aprendidas. Para las mujeres, que también cumplen una labor como cuidadoras, implica mayores responsabilidades en el hogar y con los hijos; además, muchas pasan por violencia psicológica, sexual, física, laboral, simbólica y política, una actitud que se ha naturalizado a lo largo de la historia de la humanidad», explicó la profesora Isabel Cristina Posada Zapata, psicóloga y miembro del Grupo de Investigación en Salud Mental de la Facultad Nacional de Salud Pública UdeA.  

En la pandemia, muchas mujeres perdieron su red de apoyo y se incrementó la violencia intrafamiliar. Para agosto de 2020 el aumento de las llamadas a las líneas de atención por esta causa fue de un 91 %, según cifras del Dane.  

Salud mental rural  

Adulto mayor en el campoEn Colombia existen una serie de factores o condiciones de inequidad que aumentan la vulnerabilidad de los pacientes que requieren atención en salud mental. Foto: cortesía César Augusto Ramírez Vallejo. 

En 2021, el 4,86 % de los pacientes atendidos en el Homo provenían de zonas rurales, mientras que el 95,14 % habitaba en zonas urbanas. Para años anteriores —2020 y 2019— no hay registros sobre esta información. 

En relación con el sector urbano, los índices son menores. La magíster en Salud Mental, María Isabel Ramírez Valencia, explicó que las afectaciones en la ruralidad no son tan altas como en las urbes, pero el mayor problema es la falta de acceso a los servicios de salud en general y de una ruta clara de atención.  

«El acceso es muy difícil por las condiciones físicas del territorio, las distancias y la violencia. La mayoría desconocen qué es salud mental porque la nombran de otra manera, pues está generalizado no prestarles atención a estos temas. Frente a lo que ocurre durante o después de la pandemia en la ruralidad no hay datos en estas zonas», enfatizó la profesora de la Facultad Nacional de Salud Pública. 

La psicóloga destacó que hay preocupación por estas poblaciones, pues muchas de ellas estaban en camino a la recuperación por situaciones como la desaparición y el desplazamiento forzados; sin embargo, con el retorno de algunos grupos ilegales se han visto enfrentadas de nuevo a estas problemáticas. «El llamado es a no descuidar la ruralidad por todas las vulnerabilidades que se pueden presentar».  

Autoestigma y estigma social
 

Hay que darle el lugar que se merece a la salud mental. Así como se frecuenta al médico por problemas de salud física, se debe hacer lo mismo con las afecciones de la mente. Existe una naturalización de los trastornos mentales por lo cual son ignorados hasta que se vuelven críticos.

«Sentirse triste o sin energía se normaliza “porque así es la vida”, “porque es normal estar deprimido o estresado”. Si me duele la cabeza me voy para urgencias, pero si no puedo dormir, estoy siempre irritable o sin energía, asumo que así soy yo; si tengo que tomar alcohol todo el tiempo para sentirme bien creo que es normal porque soy hombre», añadió la psicóloga Isabel Posada. Señaló que, en algunos casos, quienes buscan ayuda son estigmatizados, llamados débiles, locos o que no son valientes, «es un entorno muy agreste».   

La ignorancia social que se refleja en las etiquetas puestas a las enfermedades mentales plantea una reflexión más profunda sobre la necesidad y la urgencia de ser más empáticos. 

Una persona prestando apoyo a otra
El desempleo es uno de los factores de riesgo psicosocial más importantes del suicidio; la soltería o una enfermedad crónica como la migraña o epilepsia aumentan este riesgo. Foto: Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe F.

El año pasado ocurrieron 365 suicidios —146 hombres y 38 mujeres—, es decir, una persona al día se quitó la vida, según el Homo. Por otro lado, en el Living Lab de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, hospital digital para la atención en telesalud en el departamento, de las 19 560 personas que pidieron cita en telepsicología por primera vez, 6 826 de ellas fueron por comportamiento suicida —periodo del 29 de marzo de 2020 al 31 de julio de 2022—.   

«Esta conducta ha venido en ascenso. En el marco de la pandemia tuvo unos picos significativos, sin embargo, en 2022 es más visible el comportamiento suicida: intentos hasta muertes por suicidio. En la curva epidemiológica de la conducta suicida, las mujeres lo intentan más, pero los hombres tienen intentos de mayor letalidad y por eso se ve una tasa más alta de suicidios en la población masculina. Eso nos pone a pensar que, si tenemos más consultas de mujeres, hace falta que los hombres se acerquen más y consulten», explicó Karla Gil Luján, coordinadora de salud mental del Living Lab.  

Hay mitos que estigmatizan y no permiten al usuario acceder a los servicios necesarios de manera oportuna. «Los más comunes son que las enfermedades afectan solo a cierta parte de la población, que si alguien intentó suicidarse una vez no lo intentará de nuevo —aunque hay una probabilidad muy alta de que en el segundo o tercer intento lo logre—, o que es por llamar la atención —esto es peligroso de afirmar pues el especialista es quien determina las dimensiones del peligro de este comportamiento—», explicó Gil Luján.   

Cambios abruptos en hábitos como el apetito, sueño, ánimo, comportamiento y en la vida social, son algunos signos de que alguien podría estar padeciendo una enfermedad mental. Para las profesionales consultadas es necesario aumentar el número de expertos en salud mental por ciudadano, generar rutas de apoyo para la atención oportuna y, lo más importante, ser empáticos, escuchar y ayudar al otro.   

Líneas de atención mental en Antioquia  

Salud para el Alma, de la Gobernación de Antioquia: (604) 540 71 80 / 018000 413 838  

Línea Amiga Saludable Código Dorado, Alcaldía de Medellín: (604) 444 44 48 

Línea de atención única Bienestar Universitario (Solo para miembros de la Universidad de Antioquia): 01 8000 521 021

Violeta te Orienta #NoGéneroViolencia (Solo para miembros de la Universidad de Antioquia):  01 8000 423 874

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