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Los guardianes de la salud humana

15/10/2021
Por: Natalia Piedrahita Tamayo- Periodista

Dicen que somos lo que comemos, ¿qué tan cierto es este dicho popular? Los nutrientes —vitaminas, proteínas, carbohidratos o lípidos— son la materia prima para que el sistema inmune genere respuestas defensivas o barreras de vigilancia ante todo cuerpo extraño que pretenda entrar al cuerpo.

Hay una patrulla orgánica que reside en el cuerpo humano y está al acecho ante cualquier bacteria o virus ajeno que entre a su sistema. Son células que circulan en el organismo y garantizan no solo el lapso de vida de un cuerpo en la Tierra, sino también su calidad en términos de salud. A esta máquina de defensas se le conoce como sistema inmunitario.

Pero ese mismo sistema que tiene el poder de hacer que un germen hostil se convierta en benéfico, puede funcionar a la inversa: «Alberga las moléculas que permiten identificar las células y microorganismos que llegan al cuerpo. Ante ellas puede montar una defensa inmune y reaccionar de manera efectiva, neutralizando las amenazas; sin embargo, no siempre funciona, cuando el sistema inmune está desbalanceado puede ser el causante de enfermedades», precisó Luis Fernando García Moreno, médico y profesor emérito de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia.

¿Qué tanto la alimentación incide en el funcionamiento de las defensas del cuerpo? Para el fundador del Grupo de Inmunología Celular e Inmunogenética y del Instituto de Investigaciones Médicas, los alimentos no son medicamentos sino que son precursores de lo que el organismo necesita, por lo que una alimentación equilibrada, que incluya vitaminas, proteínas, grasas, lípidos y carbohidratos, es fundamental para balancear este sistema —ver tabla—.

Al ser ingeridos, los alimentos no llegan inmediatamente a los tejidos en forma de estos nutrientes. Primero deben pasar por el tracto digestivo, donde se descomponen mediante las bacterias que habitan el intestino —también conocidas como microbioma— que ayudan en la defensa del organismo.

Cuando hay una infección activa en el cuerpo, el organismo experimenta un exceso de demanda de nutrientes para fabricar las células que lo defiendan. En el caso de la covid-19, que para muchos adultos mayores ha sido letal, García Moreno explicó que la razón es porque el sistema inmune también «envejece» y que no es lo mismo al de un niño o joven. En su lugar, el adulto ha estado expuesto a muchos más antígenos —ver recuadro— y esto lo desgasta, por lo cual tienen menos memoria ante los estímulos nuevos.

¿Qué son los inmunógenos o antígenos? Son células que generan una respuesta inmune. Hay respuestas innatas, que son la primera línea de defensa, como las barreras de la piel y las secreciones del organismo y respuestas inmunes adaptativas que vienen después con la producción de anticuerpos, y que pueden neutralizar el virus o atacar a las células que lo contienen. Y también existen células más efectivas como los linfocitos t, que atacan células que ya están afectadas.

La comida: fuente de energía y salud

Entre los nutrientes esenciales que el cuerpo recibe a través de la buena alimentación se encuentran fibras y vitaminas. Beatriz López Marín, docente e investigadora del Grupo de Investigación Impacto de los Componentes Alimentarios en la Salud —Icas— de la Escuela de Nutrición y Dietética de la UdeA, afirmó que «el cuerpo necesita vitamina B₉ —ácido fólico—, hierro, zinc, vitaminas B6, B12, D y A. Estas son fundamentales en la correcta respuesta del sistema inmune, así como los macronutrientes como las proteínas, las grasas —ácidos grasos poliinsaturados como los omegas 3 y 6— y los carbohidratos».

López Marín enfatizó en que «las proteínas, fundamentales para el sistema defensivo humano, por ejemplo, se encuentran en los lácteos, las carnes, los pescados, las frutas y granos como los frijoles. Las fuentes energéticas del cuerpo se relacionan con los carbohidratos, que están en las frutas y cereales. La vitamina D es clave para las defensas y se puede obtener de los cítricos, entre otros».

Aunque no se ha demostrado que un alimento pueda curar una enfermedad, sí son variados los estudios que prueban que en la alimentación residen las claves del fortalecimiento del sistema inmunológico. Más allá de los dichos populares que señalan las bondades de alimentos como el jengibre, la cúrcuma y los cítricos, existen investigaciones como Chicken soup inhibits neutrophil chemotaxis in vitro (2000), de B. O. Rennard, R. F. Ertl, G. L. Gossman, R. A. Robbins y S. I. Rennard, en los cuales se evidencia que comer caldos de carnes reduce la propensión a infecciones del tracto respiratorio superior.

Debe considerarse que los requerimientos energéticos del niño son diferentes a los del adulto mayor y siempre debe consultar a un médico especializado o a un nutricionista para que lo acompañe en qué decisiones alimentarias tomar.

Sin embargo, hay recomendaciones que aplican para toda la población: «Al efecto benéfico de las verduras y frutas no lo reemplaza un alimento procesado: lo que se vaya a gastar en un suplemento, gástelo comprando comida sana», sugirió García Moreno.

Los vegetales como fuente de nutrientes Los veganos o vegetarianos requieren una dieta balanceada en la que la proteína vegetal sea recibida en buena cantidad, ya que esta garantiza la llegada de sustancias antioxidantes al cuerpo. Para ello pueden servir los lácteos. Asimismo, los probióticos ayudan a normalizar la flora intestinal, estimulan las defensas y procesan los alimentos, declaró Luis Fernando García Moreno. Una dieta que garantice la variedad de nutrientes que necesita el cuerpo es la mejor alternativa. Estas son algunas fuentes de nutrientes: .

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