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Academia Ciencia

Hay que mirar a los insectos para alimentar a la humanidad

12/03/2024
Por: Carlos Olimpo Restrepo S - Periodista

Muchas especies aportan a la nutrición para la industria agropecuaria, pero todavía existen barreras mentales y normativas que frenan el crecimiento de este sector, que tiene gran potencial por su alto aporte de proteínas y como descontaminante, dos aspectos sobre los que se investiga en la Alma Máter.

La cría del tenebrio molitor puede ser beneficiosa no solo como fuente de proteína, sino también que puede servir para solucionar problemas ambientales. Foto: Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe F.

Larvas y adultos de libélulas o caballitos del diablo, cerca de lagunas y estanques en las alturas andinas del imperio Inca, chapulines y hormigas en las culturas mayas y aztecas, gusanos en muchos pueblos asentados en las selvas y llanuras suramericanas, son solo pocos ejemplos que muestran que, desde hace siglos, la humanidad encontró en los insectos una importante fuente de nutrición. 

En décadas recientes, centros de investigación y empresas empezaron a estudiar el potencial de diversas especies en la alimentación animal y humana, con importantes progresos en el sector agropecuario y en productos alimenticios para las personas. La Universidad de Antioquia tiene investigadores —profesores y estudiantes— que llevan años de trabajo en ese campo. 

«A los problemas ocasionados por las guerras —en las cadenas de suministros de semillas y fertilizantes, entre otros—, por el cambio climático, por la alta tasa de deforestación y la disminución de las áreas cultivables, se suma la cada vez más alta demanda de proteínas por una creciente población mundial. ¿De dónde vamos a sacar esas proteínas si cada vez hay menos espacios para cultivar y criar animales de abasto?». 

La reflexión es del profesor e investigador Luis Fernando Galeano Vasco, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UdeA, quien ha acompañado investigaciones de estudiantes interesados en desarrollar iniciativas a partir de algunas especies promisorias de insectos, no solo como alimentos, sino también como potenciales soluciones a problemas ambientales.

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«Estos animales son fuente de proteína de alta calidad, igual o más que una porción de carne de vertebrados, son biotransformadores —comen residuos, a partir de los cuales producen proteínas y abonos—, pueden procesar residuos orgánicos e inorgánicos, entonces son muy valiosos», destacó Galeano. 

Uno de sus alumnos es Daniel Londoño Zapata, estudiante de Zootecnia, quien propone en su trabajo de grado aprovechar el Tenebrio molitor, llamado también gusano de la harina, para lo cual tiene la asesoría de la profesora Marisol Medina Sierra y de Galeano Vasco, y cuenta con el apoyo del Grupo de Investigación en Agrociencias, Biodiversidad y Territorio —Gamma— de la Facultad de Ciencias Agrarias y la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. 

Consumidor de icopor 
 

«Estoy estudiando los parámetros zooctécnicos que se pueden encontrar en el insecto cuando lo alimentamos con poliestireno, porque ahí hay una oportunidad de degradar un deshecho que no se puede procesar ni en la naturaleza ni en la industria», explicó Londoño Zapata, quien lleva dos años en esta investigación. 

En este aspecto están las principales novedades de la investigación. El poliestireno expandido, o icopor, se puede demorar 500 o más años para descomponerse en la naturaleza, pero lo hallado hasta el momento —agregó el estudiante— es que el insecto, al digerirlo, transforma en pocas horas este plástico en un residuo que puede servir como fertilizante orgánico. En el establecimiento de protocolos para la producción de harina de Tenebrio molitor queda mucho por investigar, como, por ejemplo, si el insecto queda con restos de microplásticos y otros elementos en su tracto gastrointestinal que puedan afectar la salud animal o humana.  

«Esto es algo muy llamativo, porque toma un contaminante, algo inerte como el poliestireno, y lo convierte en proteína de alta calidad, igualando los contenidos de proteína de la carne con excretas de alto contenido de nitrógeno, con gran potencial como fertilizante», resaltó el investigador Galeano. 

En este aspecto, la especie se destaca por su alto contenido de grasa poliinsaturada —llamada popularmente «grasa buena»— y proteínas, así como por ser una fuente de vitamina B12, entre otros aportes nutricionales, por encima de otros insectos que se usan o investigan para tal fin, pero que aún no han sido aprovechados. 

Pero este no sería el único aporte de dicho animal al ambiente. Estudios recientes de universidades estadounidenses y chinas muestran que, además del poliestireno, la especie consume otros plásticos que se usan en la industria textil y automovilística. 

Los investigadores tratan de establecer si en el sistema digestivo de estos insectos quedan restos del icopor consumido, para determinar si pueden servir para producir proteína destinada al consumo animal y humano. Foto: Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe F.

Gran potencial de explotación comercial 
 

Respecto a la producción industrial de esta materia prima, el estudiante de pregrado, quien además está realizando un análisis técnico-económico del consumo del Tenebrio molitor y su crecimiento, afirmó que «hicimos un estudio corto, pero concluyente, con el cual estimamos que, en aproximadamente seis meses, somos capaces de producir alrededor de dos toneladas de proteína a partir de este insecto en un espacio similar al de un galpón para 4000 gallinas». 

Galeano precisó que «si tuviéramos tres trabajadores y los equipos necesarios, la Facultad estaría produciendo unas dos toneladas de larvas al mes, porque tenemos espacios suficientes en las haciendas de la Universidad. Lo que tenemos ahora es un espacio para que los estudiantes de pregrado desarrollen sus trabajos de grado. El cálculo es el siguiente: en un galpón de aves de 100 metros de largo por 10 metros de ancho podríamos sacar de circulación una tonelada de icopor cada día». 

Brenda Chacón Valencia, zootecnista egresada de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UdeA, tiene experiencia en la cría del Tenebrio molitor y del Zopohobas morio —escarabajos de la misma familia—, enfocada a la producción de nutrientes para otros animales y para humanos. 

En 2017, durante sus prácticas con fauna silvestre en el zoológico de Cali, se vio en la necesidad de profundizar en la biología de roedores e insectos, la base de la nutrición de muchos animales que estaban allí, y luego de seis meses mejoró los procesos de cría de larvas de moscas, cucarrones y cucarachas, entre otros, a partir de las cuales elaboró recetas de tortas y gelatinas para variar la presentación de lo que daba a las especies que estaban bajo su cuidado; esto le abrió las puertas a un mundo nuevo. 

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«Me enamoré de los insectos, descubrí su potencial, siento que me gané mi título profesional al hacer estas formulaciones y fue un orgullo ver que un animal se comía lo que yo le preparaba. Y esto lo pude hacer gracias a la formación que recibí en la Facultad de Ciencias Agrarias, a la búsqueda de bibliografía y la experimentación», aseguró la profesional. 

A partir de esta experiencia inició un emprendimiento para la cría de cucarrones, grillos y moscas con fines nutricionales para animales, así como a asesorar a pequeños productores que están implementando tecnologías limpias e ingresar a mercados verdes. De igual manera, empezó a producir harina con base en insectos para consumo humano. 

El futuro, añadió Galeano, es algo que ya están haciendo universidades y centros de investigación por fuera del país. «Lo ideal sería tomar las enzimas del insecto que degradan el icopor y hacer una replicación de esas enzimas para elaborar un producto que se pueda aplicar o rociar sobre el poliestireno para que se degrade en pocos días, esta es una opción que queda para que otras unidades de la Universidad la desarrollen». 

Es necesario cambiar la mentalidad 
 

En el país ya hay algunas empresas que fabrican y suministran proteína para animales domésticos —en especial para mascotas, acuicultura, avicultura y porcicultura— a partir de insectos, aunque todavía falta un gran sector del mercado por cubrir. Y en la nutrición humana todavía existe mucha prevención para su consumo. 

«Mentalmente no estamos dispuestos a abrirnos a alternativas como esta. Tenemos muchos recursos, pero no pasamos de comer carne, pese a que tenemos otras fuentes de alimentación amigables con el planeta», sostuvo Galeano. 

El investigador recordó que hay países de América, Asia y África donde es normal la ingesta de insectos enteros por parte de las personas, y también se empieza a ver esta tendencia en Europa, y citó el caso de Dinamarca, donde ya es posible adquirir pasabocas de la larva Tenebrio molitor en supermercados. 

La zootecnista Chacón Valencia destacó que, en Estados Unidos, México o Brasil, entre otros países, ya hay normatividad avanzada sobre la producción de insectos para consumo animal y humano que podrían servir como base para actualizar las leyes en Colombia. 

«El mercado es difícil no solo por eso, sino también porque muchas personas no ven con buenos ojos el consumo de insectos, por el desconocimiento del producto y por los costos, en especial por la mano de obra, que es la que más pesa en este proceso», puntualizó Brenda Chacón. 

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