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Ciencia Sociedad

Semillas nativas y criollas, una garantía para el futuro

06/07/2022
Por: Carlos Olimpo Restrepo S. - Periodista

Muchos de los alimentos que consumimos son importados o procedentes de cultivos cuyas semillas son intervenidas en laboratorios y requieren de agroquímicos para garantizar una producción elevada, por encima de las variedades locales. En la UdeA se trabajan en varias iniciativas que buscan preservar y propagar estas especies. 

Las huertas agrofamiliares campesinas contribuyen a la preservación de semillas nativas y criollas, a la vez que son un paso importante para a seguridad y soberanía alimentarias. Foto: cortesía Tito Machado, Corporación Académica Ambiental

El petaco, el güífaro o el amarillo no faltaron durante décadas en las mesas de miles de familias campesinas y de algunos centros urbanos de la zona noroccidental de Colombia. Estas variedades de fríjol —las dos primeras— y de maíz —la tercera— fueron reemplazadas por otras y menospreciadas por grandes productores agrícolas, que fomentaron monocultivos de mayor productividad con semillas genéticamente modificadas. 

Hoy, cuando en el mundo se hace más evidente la necesidad de reforzar la soberanía y seguridad alimentarias, desde diferentes partes se ha vuelto a llamar la atención sobre la importancia de estas y otras variedades de plantas alimenticias, aromatizantes y medicinales, así como de la necesidad de trabajar por su preservación. 

Profesores de la Universidad de Antioquia han pasado de solo cuestionarse sobre estos vegetales, a realizar investigaciones y trabajos de campo en varias regiones del departamento, en compañía de familias campesinas y diferentes entidades, con resultados que les permiten un optimismo moderado respecto a estos proyectos. 

Tito Antonio Machado Cartagena es docente jubilado y asesor del Corporación Académica Ambiental de la UdeA, desde la cual lidera procesos ambientales, como la construcción de huertas agrofamiliares campesinas sustentables, iniciativa orientada a mejorar la seguridad alimentaria de las mujeres cabeza de familia, en un comienzo, y luego de las comunidades rurales

«El propósito de estas huertas también es mantener el conocimiento tradicional del campesino, del cultivo, de su culinaria, y ayudar a recuperar el banco de semillas nativas y criollas que está perdiéndose, porque en el país han disminuido entre 65 o 70 %. Por eso buscamos cultivar con semillas propias de las zonas, adaptadas a los contextos y entornos regionales», dijo el académico. 

Muestras de estos trabajos se pueden ver hoy en municipios del Suroeste, como Andes, Hispania, Salgar, Ciudad Bolívar; o del Oriente, como El Carmen de Viboral. «En nuestros proyectos se trabaja en parcelas pequeñas, para sostener la alimentación de las familias. Dentro de las semillas nativas hay maíces y fríjoles criollos. El frijol petaco, por ejemplo, era uno de los más comunes en Antioquia, resistente o tolerante a muchas plagas, nace en cualquier rastrojo y tiene un valor nutritivo muy alto. Se ha estado recuperando algo por parte de algunas corporaciones ambientales, pero en las plazas y los pueblos se consigue poco», anotó el profesor Machado. 

En estas granjas también se cultiva yuca, zanahoria, arracacha, tomate, col, repollo, pimentón, ajo, frutales, entre otras especies que eran tradicionales en solares familiares, pero que han perdido sus características nativas y criollas y algunas de ellas se traen hoy de otros países o departamentos. Las plantas aromáticas y medicinales también se encuentran en estos proyectos, por sus características alopáticas, es decir, por sus propiedades como biopesticidas y bioherbicidas. 

Con estas huertas, explicó Machado, se contribuye a facilitar la transición de los monocultivos a los policultivos, que contribuye a aumentar la diversidad de especies en una determinada zona, no solo de plantas, sino también de animales. A la vez se asegura producción variada todo el año, regulación de plagas, elaboración de insumos propios, entre otras ventajas. 
 

Recuperar y preservar 

Los cultivos de especies nativas y criollas también aportan a la diversidad de especies, no solo vegetales, sino también animales. Foto: cortesía Tito Machado, Corporación Académica Ambiental


Desde el Centro de Desarrollo Agrobiotecnológico de Innovación e Integración Territorial —Cedait— de la UdeA hay otros enfoques respecto a la preservación de especies nativas, tanto de forestales como de interés para la seguridad y soberanía alimentaria. 

Junto a la Corporación Autónoma Regional del Centro de Antioquia —Corantioquia—, el Cedait participa en un proyecto de reforestación con 105 especies de árboles nativos, que se cultivan en viveros en el corregimiento de Santa Elena, Medellín, y en el municipio de Hispania, destinados a la preservación del bosque húmedo frío y del bosque seco tropical, mediante la entrega de material vegetal para su propagación y multiplicación. 

Otro proyecto que adelanta el Cedait con Corantioquia y la Alcaldía de Peque es la recuperación de especies nativas, en especial de frijol, en ese municipio del Occidente y sus alrededores, donde hasta hace unos 15 años se cultivaban unas 40 especies de este grano y de las que hoy existen muy pocas, en especial por la falta de «custodios de semillas», es decir, de familias que se dedican a cultivar estas variedades. 

Diana Marcela Vanegas, directora de Calidad y Sanidad del Cedait, resaltó que «se trata de variedades nativas de la zona, reproductoras, resistentes a plagas y enfermedades, con muy buenas características nutricionales,  y que no tienen una alta dependencia de agroquímicos para su desarrollo, como sucede con muchas de las especies que ha impuesto el mercado, por eso, en este proyecto, estamos tratando de recuperar alrededor de unas 20 variedades de fríjol». 

Para ello se planea montar un banco de germoplasma in vivo, es decir, unas especies de viveros donde se puedan propagar las variedades de interés para la reproducción, mientras, de manera simultánea, se trabaja en la formación de una red de custodios de semillas, con el fin de que estos contribuyan a la preservación de la especie, con el objetivo de que esta región —Occidente de Antioquia— vuelva a ser un referente en la producción de fríjol y para comercializar en el país y en el exterior. 

Pero no todos los esfuerzos por apoyar la recuperación de semillas nativas o criollas por parte de investigadores de la Universidad de Antioquia se hacen en zonas rurales. El Grupo de Investigación Comunicación, Periodismo y Sociedad, de la Facultad de Comunicaciones y Filología, trabaja con organizaciones de Medellín. La profesora Paula Andrea Restrepo Hoyos, quien pertenece a ese grupo, adelanta un proyecto con la Red de Huerteros Medellín, una organización que promueve una alimentación consciente y asequible para todos, en especial para las poblaciones más vulnerables. 

«La idea es que se consuman productos que sean locales o cercanos, que no requieran mucho uso de combustible para no generar una huella de carbono grande. Uno puede encontrarlos, pero las semillas no son tan sostenibles. Una gastronomía sostenible no solo es sostenible porque se consuman productos de cercanía, tenemos que ir más allá del producto y pensar de qué semilla sale este producto. ¿Se puede reproducir en la propia tierra o cada vez que se cosecha el producto habrá que ir a comprarla?, ¿están adaptadas a las condiciones climáticas o de suelos donde se siembra?», señaló la docente. 

Todas estas son iniciativas que tienen bases importantes dentro de la Universidad y de las comunidades donde se promueven, pero son trabajos que aún deben crecer más si se quiere preservar las especies propias y garantizar la seguridad y soberanía alimentaria. 
 

Términos necesarios     

Semillas nativas: corresponden a las de las especies vegetales propias de una determinada zona. 

Semillas criollas: son las de las especies vegetales que se han adaptado a lo largo del tiempo a territorios diferentes a los de su origen, generalmente por el uso continuo de los agricultores.

Seguridad alimentaria: garantizar acceso físico y económico a alimentos inocuos y nutritivos a toda la población de un determinado territorio. 

Soberanía alimentaria: proteger la producción y el mercado nacional agropecuario mediante normas propias, no impuestas, y políticas adecuadas a sus condiciones ecológicas, sociales y culturales. 

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