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Elecciones, demencia y sociedad

07/03/2018
Por: Rafael Rubiano Muñoz , profesor Titular Facultad de Derecho y Ciencias Políticas UdeA

"...No es inaudito que al examinar lo que se dice en medios masivos sea notorio la enfermedad mental y las patologías de nuestra sociedad (odio, fanatismo, desenfreno, irascibilidad, delirio y superstición), en últimas locura irrefrenable, campeen como si fuesen actitudes connaturales a la opinión y a las voces de los colombianos..."

En un escrito titulado “Opinión, demencia y sociedad”, recuerda el sociólogo alemán Theodor Wiesengrund Adorno cómo en la democracia y por obra de la idea según la cual, en dicho régimen hay quienes pueden - y quieren opinar - acerca de todo, se produjo una deformación de la opinión pública, al punto que se empezó a naturalizar de modo asombroso, la agresión, el descalificativo, el señalamiento, la amenaza y hasta el genocidio que parecían rechazables, para una sociedad donde se suponía la opinión pública debía ser responsable, tener claridad y transparencia, además ser sana y orientada al debate o la confrontación con argumentos.

Contrario, a lo que se suele pensar, democracia y opinión pública antes de ser un binomio benéfico pueden resultar profundamente destructivos. No es exageración decir que, el peligro de la democracia en una sociedad masificada es que cualquiera y desde la más natural de sus volitivos o estrambóticos vocablos puede hablar y expresarse en público como agitador y lo que es más inaudito aún, como un líder o jefe nazi cual sin sonrojarse dictamina la sentencia y al futuro sentenciado, se victimiza y traslapado bajo la autovictimización, esgrime su sagrado derecho a exterminar a lo que le parece es contrario.

No es extraño que en las sociedades de hoy la apertura a expresarse particularmente en los medios masivos de comunicación (Radio, Prensa, Televisión, o las redes sociales), pero también no es asombroso que el abrir las voces a todos los ciudadanos, más aún en procesos electorales, demuestra en ocasiones el estado mental en que se encuentra una comunidad en general.

No es inaudito que al examinar lo que se dice en medios masivos sea notorio la enfermedad mental y las patologías de nuestra sociedad (odio, fanatismo, desenfreno, irascibilidad, delirio y superstición), en últimas locura irrefrenable, campeen como si fuesen actitudes connaturales a la opinión y a las voces de los colombianos. Si examinamos la propaganda, en algunos casos, se divulgan las patologías de la guerra y la violencia (que se creían antaño superadas) y lo que se puede concluir de lo que ocurre hoy en el país, es la relación entre demencia y sociedad, un acumulado de formas de exterminio e intolerancias que se han extendido de generación en generación y que no son nuevas en el siglo XX.

El odio, la venganza, el revanchismo y la rivalidad insoluble se asienta por todos los resquicios de la sociedad, desde el futbol a lo electoral, desde lo político a lo regional, de lo gastronómico a las modas, una forma de convivencia en extremos, se explica en esta mentalidad que por dos siglos ha cristalizado desde la era de la postindependencia al siglo XXI. Estas patologías sociales y enfermedad mental han acuñado un modo de hábitos y de relaciones o vínculos sociales que se incrustan y repercuten acentuándose en una sociedad de la competencia y el egocentrismo, y un individualismo solidificado e impenetrable.

Estas formas de mentalidad no son nuevas, circulan y como muy bien saben los estudiosos de la opinión pública, detrás de todo ello, se puede detectar el estado mental (actitudes o pensamientos) que están delineando la psicología política, algunos dirán (cultura política) de un pueblo en un medio dado. Como muy bien lo debemos recordar el político-militar e intelectual Rafael Uribe Uribe en 1910 en su conferencia “Los problemas nacionales” advertía cómo el pueblo de Colombia – los colombianos – era el pueblo más vocinglero, pelotero y combativo que había conocido después de viajar por muchas latitudes, no es de extrañar que hoy en el 2017 formas de violencia, armadas y no armadas, se han convertido en la cotidianidad nuestra.

Las fronteras entre opinión pública y demencia se borraron, al punto, que expresar públicamente opiniones que incitaban a actitudes de muerte, de exterminio y de arrasamiento, no son extrañas ante la muerte ocasionada por violencia de sicarios, de líderes sociales y de activistas como de otras personas. Se ha naturalizado la muerte y se le ha rendido culto convocando al extremismo y a la confrontación ideológica irresoluble e inalterable, sin posibilidad de mediaciones. El peligro está en los consensos mayoritarios que avalan las dictaduras, y en el arrasamiento de las minorías, lo advertía también el pensador universal Baldomero Sanín Cano.

A la luz del actual proceso electoral en el país no causan extrañeza los extremismos ni menos aún las manifestaciones públicas dementes de ciudadanos, candidatos, medios de comunicación, locutores irresponsables y redes sociales. Miguel Antonio Caro sentenció con la Regeneración (1886), “más inmoral en una sociedad, que un balazo en la cabeza era un mal pensamiento”, un pensamiento diverso y diferente, y complementó “el que no está conmigo está contra mí”, cómo ha de abrumar lo que está pasando hoy en el proceso electoral de Colombia.


Nota

Este es el espacio de opinión del Portal Universitario, destinado a columnistas que voluntariamente expresan sus posturas sobre temáticas elegidas por ellos mismos.  Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores y no reflejan una opinión o posición institucional de la Universidad de Antioquia. Escriba y envíenos sus columnas de opinión al correo electrónico: udeanoticias@udea.edu.co.

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