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Opinión

Más allá de la indolencia de la sociedad

16/08/2019
Por: Max Yuri Gil Ramírez - Docente e investigador y Coordinador de la macrorregión Antioquia - Eje Cafetero de la Comisión de la Verdad

Una de las preguntas más trascendentales que debe contribuir a contestar la Comisión de la Verdad es por qué una parte considerable de la sociedad no reacciona ante la barbarie de una larga confrontación que ha asolado al país y que ha dejado más de ocho millones de víctimas.

¿Dónde estábamos y qué hicimos cuando toda esta explosión de violencia ocurrió ante nuestros ojos e, incluso, tocó a muchas de nuestras familias? ¿Reaccionamos?, ¿denunciamos?, ¿justificamos?, ¿naturalizamos?, ¿nos dimos la vuelta para no ver?

Hacernos estas preguntas no solo contribuye al reconocimiento de la responsabilidad que nos compete como sociedad, también es fundamental en perspectiva de no repetición.

Además, estas preguntas cuestionan la noción de que hubo sujetos exógenos a la sociedad que causaron todo lo malo que nos ha pasado, noción que no nos permite comprender que la guerra es un fenómeno complejo, que involucra y conmueve a la sociedad desde sus raíces, no solo a los combatientes.

Estas preguntas las ha venido poniendo en público la Comisión de la Verdad en sus diversos procesos, especialmente en el diálogo público sobre los líderes sociales que tuvo lugar el pasado 11 de junio.

Una de las preguntas en este espacio fue, justamente, sobre la responsabilidad de la sociedad ante este grave problema, que ya deja más de 700 líderes, lideresas, defensores y defensoras de derechos humanos asesinados desde la firma del acuerdo de paz, en noviembre de 2016.

¿Cómo explicar la indiferencia dominante en la sociedad ante este exterminio de personas o la justificación de que si los asesinan por algo será, que existen razones que legitiman estas conductas y deben recibir el respaldo de la sociedad de bien?

Hace poco Noticias Uno y Noticias Caracol revelaron apartes de la declaración del coronel Gabriel de Jesús Rincón Amado, exjefe de operaciones de la Brigada Móvil número 15, con jurisdicción en los santanderes. El oficial habló sobre el modo de actuación que derivó en cientos de personas civiles ejecutadas y presentadas como dadas de baja en combate.

En su testimonio, el coronel Rincón también reveló que esta conducta se originó en las demandas de resultados operacionales de los altos mandos del Ejército, y que la orden era tener bajas a como diera lugar y que quienes no procedieran así serían desvinculados del Ejército. 

Las declaraciones de Gabriel de Jesús Rincón Amado, al igual que la situación de asesinato de líderes sociales, deberían ser más que suficientes para provocar una oleada de indignación y movilización en la sociedad. Sin embargo, no hay mayores reacciones.

¿Por qué?, ¿qué nos ha pasado? Es evidente que años de guerra generan una suerte de naturalización de la violencia como algo connatural a la colombianidad, que muchos consideran que siempre hemos sido y seguiremos siendo así.

Otros, en tanto estos fenómenos se han concentrado en los últimos 15años en territorios periféricos, no creen o no les importa lo que pase. Pero lo más preocupante para el futuro de nuestra sociedad es la actitud de aquellos que justifican y defienden ciertas formas de violencia, que creen que ciertos asesinatos son razonables, que han arrasado cualquier barrera ética y que defienden el asesinato como una conducta moralmente aceptable. 

El hecho de que una parte de la sociedad piense y proceda así sólo puede ser el resultado de una sociedad enferma en la que el autoritarismo ha encontrado un nicho favorable. Habrá que volver a leer a Hanna Arendt en La banalidad del mal, para tratar de entender el ethos colombiano contemporáneo.

Este texto fue publicado en el periódico Alma Máter en la edición del mes de agosto de 2019



 

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