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La deforestación: lo que está detrás de la crisis amazónica

15/10/2019
Por: Yenifer Aristizábal Grajales- Periodista

Hablamos con biólogos y expertos ambientales de la Universidad de Antioquia sobre la Amazonia. Sus reflexiones aportan a la comprensión de los efectos que para Colombia dejan los recientes incendios ocurridos en este inmenso ecosistema, compartido con otros ocho países. 

El dosel del bosque amazónico se confunde en el horizonte con el cielo. Foto: Cortesía WWF Colombia / ©Day's Edge Productions WWF-US.

No es fácil sintetizar la realidad ambiental de un ecosistema tan amplio y complejo como la Amazonia. Este inmenso bosque húmedo, el más extenso de la tierra, enfrenta amenazas ambientales que no son ajenas a otros ecosistemas colombianos y del mundo, pero que confluyen allí poniendo en vilo la supervivencia de comunidades indígenas, especies nativas de flora y fauna y uno de los bancos de oxígeno más importantes del planeta. 

Desde el 2016 el Fondo Mundial para la Naturaleza —WWF—, publicó el informe Amazonía Viva y desde entonces advirtió de la serie de presiones que soporta actualmente la región amazónica: construcción de hidroeléctricas, concesiones mineras y cambios recientes en las políticas de protección; la deforestación, sin embargo, es quizá la principal presión y el motor de las demás. 

Aunque el 10 % de la Amazonia corresponde al territorio colombiano, esa porción representa casi la mitad del país. En 2018 Colombia perdió más de 198 000 hectáreas por cuenta de la deforestación, el 70 % de esta ocurrió en la región amazónica.

En los últimos 50 años esta selva ha perdido el 17 % de su cubierta forestal por cuenta de la explotación maderera, el avance de la agricultura a gran escala, la explotación petrolera y la ganadería. Esto, además de generar impactos en su riqueza natural, libera toneladas de CO2 absorbidas en el proceso natural de fotosíntesis y reduce también la capacidad de la Amazonia para absorber gases de efecto invernadero. 

La deforestación, sumada a la práctica común de quemar los árboles para abrir terreno a actividades económicas diferentes al aprovechamiento forestal, ha generado incendios incontrolables en los últimos años. 

Según el Observatorio de Tierras de la Nasa, «agosto de 2019 se destaca porque ha traído un aumento notable en los incendios grandes, intensos y persistentes que se queman a lo largo de las carreteras principales en la Amazonia central brasileña». Esa dependencia de la agencia espacial de los Estados Unidos señaló la extraordinaria sequía que vive la región actualmente, pero advirtió que los incendios presentados a inicios de la temporada seca de 2019 son más consistentes con la limpieza de tierras que con la sequía regional.

Así lo confirmó también el Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonia de Brasil —Ipam—, al señalar que las diez ciudades de la Amazonia con más incendios coinciden con los lugares más deforestados. 

El CO2 liberado en estas quemas, según Miguel Pacheco, Coordinador de Recursos Naturales y Medios de Vida de WWF, «se va acumulando en la atmósfera y hace que gradualmente aumente la temperatura, lo que genera un círculo vicioso: a medida que aumenta la temperatura, la época seca se hace más seca y los incendios se vuelven más propensos, tanto en la Amazonia como en otros ecosistemas».

Para Pacheco, el afán que hay detrás de esta problemática ambiental es económico, pues a través de los años se han promovido actividades que deforestan para utilizar la tierra para otros fines como agricultura, minería, ganadería, entre otros, apoyados por políticas y estrategias desde la banca, la empresa privada o el Gobierno.

«Son actividades que, además de ignorar que existen otras prácticas para aprovechar el bosque y obtener riqueza sin la necesidad de tumbarlo, cuentan con todas las condiciones habilitantes para que eso funcione», indicó Pacheco. 

Para el doctor en Ciencias Biológicas de la Universidad de Antioquia, Ricardo Callejas, una de las consecuencias más serias de esta deforestación es la variación de los climas en América del Sur, que dependen de la Amazonia. Callejas explicó que si continúa la deforestación hay riesgo de una alteración notable en los ciclos climatológicos, una enorme sedimentación y un incremento de enfermedades tropicales, «mientras la transformación de un ecosistema de esta magnitud todos los días empobrece más a las comunidades que dependen de él». 

«La comunidad científica ha sido muy pobre al lograr dar a entender las implicaciones de esos cambios y transformaciones en el ecosistema. Llegará un punto donde no se podría revertir el daño ambiental sin que el hombre intervenga a un costo majestuoso para repoblar la ecología de las zonas, no hay ningún ejemplo que muestre explotación de recursos  sin tanto impacto ambiental», sentenció con un halo pesimista que señala también la imposibilidad para que desde las ciudades se comprenda la complejidad de la problemática, más allá de las redes sociales. 

Incendio, en agosto de 2019, en el Parque Nacional de Pacaás Novos, en Rondonia, Brasil. Foto: Cortesía WWF Colombia / © Corpo de Bombeiros de Santarém-PA.

¿Una esperanza?

Por su parte, para la bióloga Cristina López, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Antioquia, pese a la complejidad de este ecosistema y la multiplicidad de agentes de deforestación, aún hay esperanza con estrategias como las áreas protegidas o con pactos multinacionales de las regiones amazónicas que, si bien resultan insuficientes, cumplen con el papel de hacer visible una problemática de impacto mundial. 

A esta «esperanza ambiental» se suma la abogada Olga Romero Delgado, subdirectora jurídica de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca y con décadas de experiencia como consultora ambiental. Para Romero, las comunidades están en un momento ideal para formar una corriente social y filosófica, que apele a instrumentos legales para exigir el cumplimiento de los tratados inspirados en principios de precaución, prevención y solidaridad internacional. 

«Las comunidades sí tienen el poder» aseguró, y destacó la presión social que se hace desde las redes sociales por parte de una juventud comprometida con el planeta y con las siguientes generaciones. 

Lo que está en riesgo:

  • Entre el 17 % y el 20 % del agua dulce del planeta.

  • El 10 % de la biodiversidad mundial.

  • 6.7 millones de km2 de bosques.

  • La casa de 350 comunidades indígenas.

  • El hábitat de más 34 millones de habitantes.

  • El 6 % del oxígeno del planeta.

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