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Sociedad

¿Costo ambiental o económico? La difícil encrucijada con Hidroituango

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15/03/2019
Por: Juan Diego Restrepo Toro - Periodista

Las crisis presentadas en Hidroituango evidencian profundas contradicciones en el país respecto a las necesidades energéticas y la protección de los ecosistemas. ¿Cuánta energía requiere el desarrollo? ¿Cuánto caudal necesita un río para vivir?

Hidroituango involucra a 12 municipios del noroccidente de Antioquia y está ubicado a 170 kilómetros de Medellín. Foto: EPM.

En los 10 mil años de poblamiento que tiene la cuenca media del río Cauca ningún proyecto ha superado en envergadura al de Hidroituango, una presa con una altura de 225 metros, con capacidad para 20 millones de m³ y que aspira a generar el 17 % de la energía que demanda el país cuando entre en funcionamiento.

«El mercado energético esperaba que Hidroituango entrara en funcionamiento el 1 de diciembre del 2018, y a partir de ese momento el precio de la electricidad iba a caer», explicó Fernando Villada Duque —doctor en Ingeniería Industrial y profesor de la Universidad de Antioquia—, durante el Foro «Hidroituango: Reflexiones sobre el manejo ambiental y del riesgo en proyectos de generación hidroeléctrica», realizado el 14 de febrero del 2019 en la Alma Máter de los antioqueños.

Las crisis ocurridas con el proyecto en el último año no solo han retrasado la fecha de entrada en operación, sino que también por su impacto social y ambiental se ha abierto la discusión sobre la viabilidad de megaproyectos como este. Un dilema complejo porque los colombianos demandan agua y energía, en una sociedad cada vez más consumista, que exige que el suministro esté asegurado, no sea costoso y no contamine.

El reto de la sociedad colombiana es conocer qué necesita para que no suceda un apagón energético como el de 1992, teniendo en cuenta el crecimiento de la economía y su demanda en los años venideros. «El 70 % de la capacidad instalada del país está representado en centrales hidroeléctricas. A su vez, la generación está muy concentrada en grandes centrales como El Guavio, San Carlos, Sogamoso o El Quimbo. Hidroituango sería la mayor, con una capacidad de 2400 megavatios cuando esté operando plenamente», explicó Villada.

Uno de los riesgos de esta forma de generación energética es que el sistema depende de los efectos del cambio climático. En temporada seca o durante un fuerte fenómeno de El Niño, los embalses pasan por una situación crítica y la capacidad de generar energía disminuye, lo que se refleja en un aumento del precio de la electricidad.

Un río libre

Evidencias arqueológicas sugieren la existencia de comunidades en el Cauca medio que desarrollaron una economía basada en la pesca, la cacería y la recolección hace 10 mil años, mucho antes de la conquista española. En el siglo XVI, el cronista Pedro Cieza de León escribió sobre este lugar que «la pesca era de tal abundancia que sobrepasaba las necesidades alimentarias».

A partir de entonces, según indicó el doctor en Antropología y docente de la Universidad de Antioquia, Sneider Rojas Mora, se implantó una economía extractivista vigente desde la Colonia hasta nuestros días. No en vano sobre el río Cauca se fundó Santa Fe de Antioquia, una ciudad anclada a la minería.

En esta idea de desarrollo y de progreso, la naturaleza es apropiada para el beneficio del hombre y no se tienen en cuenta las lógicas internas de las comunidades. Proyectos que, según Rojas, generan procesos de migración: unos que llegan a las obras y otros que abandonan el territorio por el impacto ambiental, el cambio de las actividades económicas, la adquisición de predios, los cambios en la tenencia de la tierra y la presencia de grupos armados.

Un río embalsado

«No estamos en un momento histórico para desarrollar megaproyectos de este estilo», señaló el profesor de la Universidad de Antioquia y el doctor en Hidrología, Julio Cañón Barriga, respecto a grandes proyectos hidroeléctricos como Hidrosogamoso, Urrá I, El Quimbo o Hidroituango.

La era global de la infraestructura masiva está llegando a su fin, según dijo el profesor Cañón. Esta es una lección que queda tras una serie de eventos infortunados en la ingeniería colombiana. «Europa y Estados Unidos dejaron de hacer estos megaproyectos y hoy los están desmantelando porque los daños ambientales han sido muy grandes y porque ya no dependen de una sola forma de generación de energía, sino que tienen diversidad de fuentes».

Ante la afirmación de que este megaproyecto «mató» al río Cauca, Luis Carlos García —doctor en Ecología y Biogeografía y quien trabaja con la Fundación Neotrópicos—, es categórico al respecto: «Los ríos colombianos están en procesos de destrucción desde hace mucho tiempo. ¿Quién levanta hoy su voz de protesta por la situación del río Bogotá o del río Medellín? No la levantan porque el daño ambiental está ocurriendo todos los días. Hay un alarmismo en el momento por las noticias sobre Hidroituango, pero como dice la canción de Serrat, ¿dónde están los ríos en los que jugábamos cuando éramos niños?».

García indicó que después de todo el esfuerzo realizado, del dinero invertido y del sufrimiento de mucha gente, no se debe decidir a la ligera si el proyecto debe continuar o no.

En el hipotético escenario en que Hidroituango no funcionara, el país tendría que acudir a otras tecnologías. Algunas disponibles, como el carbón, no son viables ambientalmente. De otro lado, en energías renovables hay un alto potencial, «pero todavía son un complemento y no sustituyen plenamente a las convencionales. Por ejemplo —apuntó Fernando Villada—, en La Guajira tenemos un potencial eólico muy fuerte, pero cuando el viento es débil, no hay generación, y cuando es demasiado fuerte, tampoco. Tenemos un buen potencial, pero el costo que pagaremos va a ser ambiental por un lado o económico por el otro».

Peces migratorios y efectos de los embalses

Para recuperar el proyecto —tras varios meses de tropiezos y cuestionamientos por su viabilidad—, el 5 febrero del 2019 EPM cumplió con su propósito de cerrar la segunda compuerta que permitía el paso del agua por la entonces inundada casa de máquinas. La acción provocó que el poco caudal del río aguas abajo llegara a niveles alarmantes. «Todos estábamos preocupados por los peces aguas abajo», aseguró Luz Fernanda Jiménez, ictióloga y doctora en Biología, quien señaló que los efectos de las crisis en Hidroituango se sienten no solo en los municipios del Bajo Cauca, sino también en las zonas cenagosas de la depresión momposina.

La longitud total de la red fluvial está calculada en cerca de 101 mil kilómetros. En ella viven 220 especies de peces de agua dulce.

En las zonas bajas, los embalses afectan a las especies migratorias. En las zonas altas afectan a especies pequeñas, que no migran, pero que son endémicas.

El 70 % de estas especies se encuentra debajo de los 300 metros y el 10 % de las especies realiza el circuito migratorio.

Esta migración de peces sostiene la pesca. Entre ellos está el bocachico, que representa el 95 % de la pesquería de la cuenca y que crece muy rápido, pues puede alcanzar los 23 centímetros entre 14 y 16 meses.

Estos peces crecen en las ciénagas, donde se alimentan. Cuando baja el caudal del río, viajan aguas arriba por el cauce principal y los ríos tributarios. Cuando empieza a llover, los peces desovan. Entonces los embriones y las larvas, junto con los adultos, viajan con la creciente para entrar a las ciénagas.

La construcción de un embalse fragmenta a los ríos y restringe la migración de los peces a sus áreas de desove. También modifica el paisaje fluvial aguas abajo y reduce las crecientes. La retención de sedimentos incrementa la capacidad del agua de erosionar el cauce en el sector aguas abajo de la presa.

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